Ya cansada de pedir y mendigar por la salud de su ser más querido, la anciana decide sentarse en un escalón y llorar en silencio la desdicha que le ha tocado vivir.Ante ella los impresionantes valles que llevan al Guadiana Menor.Con un pañuelo enjuto y seco limpia una y otra vez las lágrimas de los surcos de su envejecida cara por el paso del tiempo y por las miserias que ha debido soportar.Es tal la pena que me embargaba al verla que decido acercarme a ella.
Con paso lento y pausado llego hasta ... (ver texto completo)
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