El dia de la Romería de Tiscar.
Tras unos sorbos de aquella agua fresca y cristalina.Nos sentamos un momento para comentar el trayecto de Huesa hasta la fuente. Me sentía feliz y me gustaba lo que estaba haciendo, pues a mi Madre y Padre los tenia con migo y ya no sabia cuantas veces más haríamos ese camino juntos. Otro grupo de personas se nos acerca, nos saludan y prosiguen su camino. Los ancianos más mayores y madrugadores de la aldea desde sus viejas ventanas observan el ir y venir de la gente.
Decidimos no ir por la carretera y cogimos un atajo, un viejo camino que pasa a las puertas de casas y cortijos, algunos cortijos fantasmales, pues se encontraban deshabitados y el viento silbaba al paso por sus viejas ventanas.
El viento se volvió más húmedo y fresco al pasar por las viejas arboledas.
Las higueras nos impregnaban con su olor especial, a esas horas y ya casi con la caminata a nuestras espaldas los frutos que veíamos en el camino nos parecían manjares.
Una vez y ya en mitad de la subida un anciano nos ofrece agua y algún que otro fruto recien recolectado por él. Ya asoman los primeros claros del dia y con ellos la mañana fresca y calida.Una emoción me envuelve en sosiego y en admiración por la belleza del paisaje a mi alrededor.
Una vez ya en la carretera, mi sorpresa se acentua más que nunca al ver personas haciendo el recorrido a gatas, llegadas de otros pueblos de la comarca.
Unos llevan flores, otros un cordero, otros les ofrecen su alma desnuda y pura.El cansancio y dolor no les hacen parar, es tal su devoción que apenas sienten el dolor, unas ancianas una vez ya a las puertas de la majestuosa Iglesia no pueden reprimir unas lágrimas de dolor y devoción.Dolor hacia la persona que esta dedicada la promesa y que la enfermedad no la deja vivir.Por unos momentos me emociono al ver las ancianas pedir y suplicar por su ser más querido.
Me gustaria comentaros con más detalles la Iglesia, pero he creido darle el protagonismo por el dolor y el esfuerzo humano a las personas que en peregrinación llegan, cansadas y extasiadas del largo recorrido.
Está noche sigo.
Martinico.
Tras unos sorbos de aquella agua fresca y cristalina.Nos sentamos un momento para comentar el trayecto de Huesa hasta la fuente. Me sentía feliz y me gustaba lo que estaba haciendo, pues a mi Madre y Padre los tenia con migo y ya no sabia cuantas veces más haríamos ese camino juntos. Otro grupo de personas se nos acerca, nos saludan y prosiguen su camino. Los ancianos más mayores y madrugadores de la aldea desde sus viejas ventanas observan el ir y venir de la gente.
Decidimos no ir por la carretera y cogimos un atajo, un viejo camino que pasa a las puertas de casas y cortijos, algunos cortijos fantasmales, pues se encontraban deshabitados y el viento silbaba al paso por sus viejas ventanas.
El viento se volvió más húmedo y fresco al pasar por las viejas arboledas.
Las higueras nos impregnaban con su olor especial, a esas horas y ya casi con la caminata a nuestras espaldas los frutos que veíamos en el camino nos parecían manjares.
Una vez y ya en mitad de la subida un anciano nos ofrece agua y algún que otro fruto recien recolectado por él. Ya asoman los primeros claros del dia y con ellos la mañana fresca y calida.Una emoción me envuelve en sosiego y en admiración por la belleza del paisaje a mi alrededor.
Una vez ya en la carretera, mi sorpresa se acentua más que nunca al ver personas haciendo el recorrido a gatas, llegadas de otros pueblos de la comarca.
Unos llevan flores, otros un cordero, otros les ofrecen su alma desnuda y pura.El cansancio y dolor no les hacen parar, es tal su devoción que apenas sienten el dolor, unas ancianas una vez ya a las puertas de la majestuosa Iglesia no pueden reprimir unas lágrimas de dolor y devoción.Dolor hacia la persona que esta dedicada la promesa y que la enfermedad no la deja vivir.Por unos momentos me emociono al ver las ancianas pedir y suplicar por su ser más querido.
Me gustaria comentaros con más detalles la Iglesia, pero he creido darle el protagonismo por el dolor y el esfuerzo humano a las personas que en peregrinación llegan, cansadas y extasiadas del largo recorrido.
Está noche sigo.
Martinico.