Se saludan y se dicen a Dios, tras su paso un murmullo ¿Quien es? ¡es la hija de...?.Nunca miro hacia tras.Siempre hizo oídos sordos que luego la atormentarían.
Era una tarde de
Verano, una tarde cualquiera. En cada quicio de cualquier
puerta los ancianos toman el fresco de la
noche.Los saludos a los paseantes era incesante.
Mientras los jóvenes sentados en la
plaza del
pueblo se intercambian miradas insinuantes.Todo es un remanso de paz. Sin darse cuenta siguen dialogando hasta altas horas de
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