Los deseos ridículos
Había una vez un leñador muy pobre y trabajador, que a pesar de trabajar durante todo el día, apenas ganaba unas monedas para poder comer él y su mujer.
Un día, cansado del trabajo, y viendo lo poco que conseguía con él, se lamentó en voz alta:
– ¡Qué desgraciado soy, que aún trabajando sin cesar no consigo apenas unas monedas como recompensa!
Entonces, el dios Júpiter, que estaba escuchando, bajó a la Tierra para decirle:
... (ver texto completo)
Había una vez un leñador muy pobre y trabajador, que a pesar de trabajar durante todo el día, apenas ganaba unas monedas para poder comer él y su mujer.
Un día, cansado del trabajo, y viendo lo poco que conseguía con él, se lamentó en voz alta:
– ¡Qué desgraciado soy, que aún trabajando sin cesar no consigo apenas unas monedas como recompensa!
Entonces, el dios Júpiter, que estaba escuchando, bajó a la Tierra para decirle:
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