Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. El sol es un gran maestro de vida, cuando se pone, trae paz, cuando renace, da esperanza. En un pueblo diminuto de la sierra ecuatoriana, vivía Julieta, una niña de nueve años con voz dulce y una imaginación sin frenos.
Vivía con su abuelo Mauro, un campesino jubilado, pasaba los días en su silla de mimbre, frente a la ventana, escuchando el sonido del molino y los pasos de su nieta.
—Abuelo, ¿te leo algo hoy?
—Claro, Juli. ¿Qué toca hoy?
La verdad es que en casa no había libros. Solo uno: un catecismo viejo, con las páginas amarillentas. Pero Julieta no se lo dijo nunca.
En lugar... Bendecida noche Sensi, hasta mañana se Dios quiere, sueña bonito un abrazo. Buenas noches Antonia y buen descanso. un abrazo.