Cuando era niña en mi
casa no sobraba nada. Éramos muy humildes, en una zona aledaña de la Capital. Mi mamá trabajaba de maestra, y mi papá en una
fábrica. Yo iba al
colegio todos los días y los viernes mi mamá, con mucho esfuerzo, me daba unos pesos para que me
compre un helado de palito (que se vendían dentro de la misma
escuela) Yo sabía y apreciaba ese esfuerzo de mi mamá porque en mi casa más que sobrar, faltaba. Y eso hacía más valorable su gesto. Ese viernes fui al colegio, y en el recreo
... (ver texto completo)