RARERAS=Tipo raro y peculiar, indeciso sexual, de quien no se sabe nada en claro. Se dice también del maricón que lo lleva en secreto. Tipo sospechoso del que conviene guardarse. Como en los casos de "soseras, voceras, tocineras, mojarreras, golferas guarreras" el sufijo en "-eras" incorpora matices
peyorativos al significado principal, haciendo del "tío raro" de siempre un individuo ambiguo de conducta imprevisible, de quien no resulta fácil saber por dónde nos va a salir.
SOCARRÓN=Golfo, rufian; sujeto que con palabras de doble sentido, caústicas y quemantes, se burla de otro en su cara. Es una de las acepciones posibles del término, y la que asume Cervantes en El rufián dichoso:
Estas señoras del trato
precian más, en conclusión,
un socarra valentón
que un Medoro gallinato.
En Rinconete y Cortadillo pone Cervantes en boca de una moza del partido:
Por un sevillano rufo a lo valón
tengo socarrado todo el corazón.
Es voz muy del gusto suyo. En La ilustre fregona le da este valor semántico: "Aunque conoció que antes lo había dicho de socarrón, que de inocente, con todo eso le agradeció su buen ánimo, y le entregó el dinero".
En todas sus novelas utiliza el término, que a principios del siglo XVII era de uso reciente, ya que se documenta por primera vez en la vida literaria hacia el último cuarto de la centuria precedente. Así, en el Coloquio de los perros, se lee: "... Socarrón tamborilero, salid del hospital, si no, por vida de mi santiguada que os haga salir más que de paso...".
Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua, define así al sujeto: "El bellaco dissimulado que sólo pretende su interés, y quando habla con vos os está secretamente abrasando".
En el gerundio "abrasando" declara Covarrubias el origen de esta voz: de socarrar, pasar por el fuego alguna cosa de modo que por una parte esté quemada y por la otra casi cruda, aludiéndose así a lo cáustico de la lengua de estos murmuradores burlones y ruines. Como tal, el verbo "socarrar", de donde deriva el calificativo, es voz de uso antiguo en castellano. Gonzalo de Berceo lo emplea en su Vida de San Millán:
Levantóse el ábrego, un viento escaldado (...)
por las Estremaduras fizo dannos mortales,
ençendiendo las villas, quemando los ravales,
socarraba los burgos e las villas cabdales...
Es asimismo sinónimo de ramera, mujer de mala vida, daifa desvergonzada e impúdica, acepción con la que usa el término Lope de Vega en El Marqués de las Navas, donde referido a cierta dama se dice:
Socarrón entendimiento
desenvuelto y despejado
tiene la tal mantellina,
y a ser mujer principal
pudiera ser çelestial,
y quedóse en çelestina.
... (ver texto completo)