La doctrina católica
romana se centra en una
Santa Trinidad, en la que un dios toma la forma de tres personas distintas:
Dios Padre, Dios Hijo (Jesús) y Dios Espíritu
Santo. Los católicos veneran también a la madre de Jesús, María, a quien consideran
virgen después de haber dado milagrosamente a luz. (Los
santos son seres humanos cuyas vidas ejemplares causan milagros divinos y cuya virtud, confirmada por la
Iglesia, los hace acreedores a la condición de santidad.)