Ahora se ha desatado una modesta “góldimania” que toma la forma de documentales televisivos, la inauguración de un
museo en su honor donde se exponen las actas del proceso y los instrumentos de tortura utilizados, así como numerosos artículos en prensa, la publicación de libros y hasta la creación de una pequeña
calle que llevará el nombre de la última bruja en la ciudad de Mollis.