Una fuerza unificadora
A la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo quinto d. C. la Iglesia permaneció siendo la principal fuerza unificadora y civilizadora en Europa, llamada también la cristiandad. Los reyes consideraban que su autoridad era un derecho concedido por el dios de los cristianos. El papa era no sólo un líder espiritual sino también político. León III (el futuro san León) coronó al rey franco Carlomagno como emperador de Occidente (o emperador del Sacro Imperio Romano) en el año 800 d. C.
A la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo quinto d. C. la Iglesia permaneció siendo la principal fuerza unificadora y civilizadora en Europa, llamada también la cristiandad. Los reyes consideraban que su autoridad era un derecho concedido por el dios de los cristianos. El papa era no sólo un líder espiritual sino también político. León III (el futuro san León) coronó al rey franco Carlomagno como emperador de Occidente (o emperador del Sacro Imperio Romano) en el año 800 d. C.