Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:
Aunque pueda parecer lo contrario, Fernando VII había recibido una educación esmerada en comparación con la de sus padres. Tuvo preceptores cultos que lograron inculcarle amor por las artes: primero fue Scio, religioso de la Orden de San José de Calasanz; después el obispo de Orihuela y, cuando el príncipe tenía once años, el canónigo Juan Escoiquiz, hombre intrigante y ambicioso que fue seguramente quien más influyó en su carácter
La educación de Fernando VII
Fernando, nacido el 14 de octubre de 1784, fue el noveno de los catorce hijos del rey Carlos IV. A pesar de ello, acabaría heredando la corona al no superar la infancia sus hermanos mayores.
Buenos días chicos, vamos a cocinar estos níscalos.
En Navidad Luis va al Polo norte con Santa Claus y le pide:
- Quiero una mama buena.
Al dia siguiente Luis toca a la puerta y le abre su mamá. Entonces Luis regresa al Polo norte y le reclama a Santa:
- Yo pedi una mama buena, y Santa responde:
- tu mama ya es buena.
Entonces Luis dice:
- si claro, tú lo dices por que a ti no te regaña.
Llaman a la puerta de una casa, sale el niño a abrir y su madre le pregunta quien es. Y el niño contesta:
- Papá Noel
Y su madre.
- Pues si no es papa no le abras.
Cualquiera de ambos cónyuges podía solicitar el divorcio. Las razones más comunes por las que un hombre lo solicitaba eran la imposibilidad de tener hijos, o especialmente un varón; el deseo de casarse con otra mujer o, simplemente, que ya no le agradaba la esposa. Una mujer podía divorciarse alegando crueldad mental o física por parte del esposo, o bien adulterio. Para considerarse divorciados bastaba con vivir separados. Entonces podían volver a casarse tan pronto como lo desearan.
En caso de que el matrimonio terminara en divorcio, los derechos de la esposa quedaban bien protegidos. Generalmente recibía una cantidad para su manutención consistente en un tercio de los ingresos del marido, especialmente si era rechazada sin haber cometido ninguna falta.
Tal era la importancia que se daba a la fertilidad que a veces había matrimonios en cuyo contrato se estipulaba un año de prueba para ver si la pareja conseguía descendencia. Cuando no tenían hijos, rezaban a los dioses para que remediaran su carencia y dejaban cartas en las tumbas de sus familiares, solicitando de ellos que utilizaran su influencia con los dioses. La magia era otro de los recursos que se intentaban para tener descendencia. Si a pesar de todo no nacían hijos, aún quedaba la adopción.
Los hijos eran considerados una bendición en el antiguo Egipto. Al fin y al cabo, ellos eran quienes cuidaban de sus padres cuando estos eran ancianos. “Devuelve a tu madre todos sus cuidados. Dale todo el pan que necesite y llévala como ella te llevó a ti, pues fuiste una pesada carga para ella. Cuando naciste, te siguió llevando en sus brazos, y durante tres años te amamantó y te mantuvo aseado”.
Aunque estaba permitida la poligamia, la mayoría de los egipcios se contentaban con tener una sola esposa, puesto que el matrimonio resultaba caro. Normalmente se celebraba entre personas de la misma clase social, pero ni la raza ni la nacionalidad parecen haber constituido un obstáculo. No era algo inusual que una egipcia del norte se casara con un nubio, por ejemplo, aunque también topamos con el recelo hacia los forasteros: “Desconfía de una mujer que sea desconocida en tu pueblo. No la mires ... (ver texto completo)
Si eres sabio, mantén tu casa, ama a tu mujer, aliméntala apropiadamente, vístela bien. Acaríciala y cumple sus deseos. No seas brutal, obtendrás más de ella por la consideración que por la violencia: si la empujas, la casa va al agua. Ábrele tus brazos, llámala; demuéstrale tu amor”. (Palabras del escriba Ani, Imperio Nuevo).
Al casarse, la mujer conservaba su nombre, añadiendo al mismo las palabras “esposa de X”. Mantenía, además, su independencia, y podía tener su propio negocio o colaborar en el de su esposo, o bien dedicarse a un buen número de oficios.
“Mi hermano atormenta mi corazón con su voz, hace que la enfermedad se apodere de mí; es vecino de la casa de mi madre y no puedo llegar hasta él”.
Una de las palabras más cariñosas que podían dedicarse dos enamorados era “hermano” o “hermana”. Esto llevó a muchos estudiosos a asumir, equivocadamente, que la mayoría de los antiguos egipcios se casaban con sus hermanos, cuando en realidad tales matrimonios, o aquellos entre padres e hijas, tenían lugar casi exclusivamente entre la realeza. La gente común sí podía casarse con otros parientes no tan cercanos, como era el caso de hermanastros, primos o incluso tío y sobrina. La mayor concentración de matrimonios consanguíneos parece haber tenido lugar durante las dinastías XVIII y XIX. ... (ver texto completo)
La novia solía tener unos 14 o 15 años, y el novio entre 17 y 20, a menos que fuera divorciado o viudo, pero no eran frecuentes los matrimonios entre personas con mucha diferencia de edad, excepto entre la realeza y por motivos dinásticos.
La esposa era conducida a la casa del esposo, en una procesión con música y cánticos. Se arrojaba grano a su paso, símbolo de fertilidad. Había un banquete en el que se preparaban varias clases de carne, y los invitados se divertían durante toda la noche. Por la mañana, la madre de la recién casada y sus hermanas, la visitaban y le ofrecían alimento y regalos, que ella retribuía con dulces y frutas. Muchas de esas viejas tradiciones perduran aún en suelo egipcio.
Al atardecer tenía lugar la fiesta con música, baile, comida y bebida. No faltaba el ajo y el tomillo, puesto que se creía que mantenían alejados a los malos espíritus. Para confundirlos, las amigas de la novia vestían ropas similares a ella.
Se firmaba el contrato matrimonial y un sacerdote lo registraba en el templo, con la asistencia de la pareja y de la mayoría de sus familiares y amigos. Pero no se celebraba una ceremonia de ningún tipo, ni siquiera religiosa, pues el matrimonio egipcio no estaba basado en la religión. Bastaba con comenzar a vivir juntos para considerarse casados.
El día de la boda la esposa vestía una túnica larga hasta el suelo, más lujosa que la de la noche anterior, con bordados en oro, mientras que el novio lucía una corta, también generalmente de color azul. Solo las clases más altas se casaban de blanco.
Cuando la casa en la que residirían los recién casados se encontraba al fin dispuesta para recibirlos, las dos familias fijaban fecha para la fiesta de la boda. El día señalado la novia trasladaba sus pertenencias a su nuevo hogar. Solía llevar una túnica de algodón rosa o azul, el color de la eternidad, durante su fiesta de compromiso, celebrada la noche anterior. Las mujeres del entorno del novio acudían a visitarla en su casa y la adornaban con tatuajes de alheña y pintura corporal. Los hombres, ... (ver texto completo)
Un típico contrato matrimonial contenía la fecha, es decir, el año de reinado del monarca gobernante; los contratantes, futuros esposos; los nombres de los padres de ambos; la profesión del esposo, mientras que la de la mujer rara vez era mencionada; el escriba que redactaba el contrato y los nombres de los testigos. Una vez concluido, el documento era entregado a una tercera persona para su custodia, o bien se guardaba entre los registros del templo local.
Las mujeres jugaban un papel muy importante a la hora de concertar un matrimonio: normalmente se elegía a una mujer para que hiciera una primera aproximación a la madre de la novia, no al padre, aunque después fuera este quien cerraba el contrato.
Tampoco faltaba nunca un anillo, entregado antes o después de la boda. El anillo tiene forma circular, símbolo de la eternidad. Los primeros eran muy sencillos, y se elaboraban trenzando cáñamo.
La tradición señalaba que los padres del joven pretendiente debían visitar la casa de la novia para recabar la aceptación de la familia y alcanzar un acuerdo que se centraba en dos puntos principales: una suma de dinero, llamada Mahr, que se pagaba a la novia para ayudarla a preparar los muebles, y un valioso regalo consistente en una joya que el novio entregaba a su prometida en prueba de su estima y en compensación por la virginidad que ella perdería, y que era muy valorada. Esto no era aplicable ... (ver texto completo)
Para los antiguos egipcios el matrimonio no precisaba formalizarse mediante una ceremonia, sino que era simplemente la concreción del deseo de vivir juntos y fundar una familia. Los novios tenían muchas oportunidades de llegar a conocerse antes del compromiso. Hay estatuas e imágenes que muestran a esposo y esposa enlazados por la cintura, tomados de la mano u ofreciéndose flores o alimentos, y la abundancia de poesía amorosa parece implicar que muchas parejas se enamoraban y se elegían el uno al ... (ver texto completo)
El matrimonio entre los antiguos egipcios
"Si eres adulto y fundas una familia, debes amar a tu esposa como le corresponde. Llena su estómago y viste sus espaldas, que los ungüentos calmen su cuerpo. Alegra su corazón mientras vivas, ella es un campo fértil para su señor". (Las enseñanzas de Ptahhotep)
Y más felíz que una perdízzzzzzzzzzzzzzzzz os deseo buén fín de semana, aunque las previsiones meteorológicas dannnnnnnnnnnn muchas lluviassssssssssssss.
Pues estaremos en casita tomando infusiones, jejejejje.
besos a estos foreros que leen pero nooooooooooooo escriben, jeejje. rs
El día que más celebraban los persas era el de su propio cumpleaños. Para ello se organizaba un banquete a base de carne de buey, caballo, camello o asno asados al horno. "En sus comidas usan de pocos manjares de sustancia, pero sí de muchos postres, y no muy buenos. Por eso suelen decir los persas que los griegos se levantan de la mesa con hambre". Acompañaban las comidas con un exceso de vino, pero por embriagados que terminasen no estaba permitido orinar o vomitar en público. "Después de bien ... (ver texto completo)
Jolines con los persas, jejejje, toma nota Justi.
No solían enterrar ni incinerar los cadáveres para no corromper la tierra ni el fuego. Se los dejaba para ser devorados por las alimañas y los buitres.
Los hombres de alto rango mantenían favoritos, como Bagoas, favorito de Darío III y que después fue eromenos de Alejandro. Contrariamente a la opinión de Herodoto de que habían adoptado de los griegos la costumbre de mantener relaciones con muchachos, Plutarco afirma que los persas usaben chicos eunucos para tal fin desde mucho antes de que hubiera un contacto entre ambas culturas.
Los persas se saludaban con un beso en la boca si pertenecían a la misma clase social y con uno en la mejilla si había una pequeña diferencia. Si ésta era grande, entonces el inferior hincaba la rodilla en tierra y besaba la mano del otro.
El día que más celebraban los persas era el de su propio cumpleaños. Para ello se organizaba un banquete a base de carne de buey, caballo, camello o asno asados al horno. "En sus comidas usan de pocos manjares de sustancia, pero sí de muchos postres, y no muy buenos. Por eso suelen decir los persas que los griegos se levantan de la mesa con hambre". Acompañaban las comidas con un exceso de vino, pero por embriagados que terminasen no estaba permitido orinar o vomitar en público. "Después de bien ... (ver texto completo)
Los persas no erigían templos y estatuas a los dioses, porque creían que estos no tenían naturaleza humana, de modo que les parecía una tontería hacer esas cosas. Celebraban los sacrificios en un lugar considerado puro, pero sin utilizar altares. Un sacerdote o mago disponía los trozos de carne sacrificada y cantaba un himno que hablaba del origen de los dioses.
No orinan ni escupen en los ríos; tampoco se lavan las manos en ellos, ni permiten que lo hagan otros; al contrario, tienen por ellos una especial veneración.”
Heródoto
Si un ciudadano tiene lepra o albarazo, no puede entrar en una ciudad ni relacionarse con los demás persas; y aseguran que padece esas enfermedades por haber incurrido en algún delito contra el sol. Por su parte, a todo extranjero afectado por esos males lo echan del país; y muchos expulsan también a las palomas blancas alegando el mismo motivo.
"Por otra parte, de todo aquello que la ley les impide hacer, de esos temas también les impide hablar. Asimismo consideran que mentir constituye la mayor deshonra y, en segundo lugar, contraer deudas; y ello por varias razones, pero principalmente porque dicen que es inevitable que el que tiene deudas diga también mentiras.
"Cuentan que hasta la fecha nadie ha matado a su padre o a su madre, y pretenden que, en cuantas ocasiones anteriores ha tenido lugar algo semejante, una investigación descubriría indefectiblemente que los autores eran ilegítimos o adulterinos, pues sostienen que es realmente inadmisible que un padre verdadero muera a manos de su propio hijo.
"Desde los 5 hasta los 20 años sólo enseñan a sus hijos tres cosas: a montar a caballo, a disparar el arco y a decir la verdad. Y hasta que un niño no tiene cinco años no comparece en presencia de su padre, sino que hace su vida con las mujeres. Esto se hace así con el fin de que, si muere durante su crianza, no cause a su padre pesar alguno. Apruebo, desde luego, esta costumbre, y apruebo también esta otra: por una sola falta ni el propio rey puede castigar a nadie con la muerte; y tampoco otra ... (ver texto completo)
“Los persas son los hombres que más aceptan las costumbres extranjeras. Y, así, llevan el traje medo, por considerarlo más distinguido que el suyo propio, y para la guerra los petos egipcios. Además, cuando tienen noticia de cualquier tipo de placer, se entregan a él; por ejemplo, mantienen relaciones con muchachos, cosa que aprendieron de los griegos. Por otra parte, cada uno se casa con varias esposas legítimas y se procura, además, un número muy superior de concubinas. ... (ver texto completo)
El comercio transportó los escarabeos egipcios al Mediterráneo oriental y a Mesopotamia, por lo que se han encontrado muchos ejemplos de imitaciones griegas, fenicias y etruscas. Muchos artistas griegos se establecieron en Etruria a mediados del siglo VI a. C. huyendo de los persas, que habían invadido las colonias griegas en Oriente Próximo. Fueron ellos quienes enseñaron a los etruscos el arte de su elaboración, pero en Etruria los escarabeos se utilizaban solo como ornamento, y nunca como sello. ... (ver texto completo)
También se han encontrado en las muñecas o en los dedos de los difuntos, o en el puño cerrado. Desde un punto de vista histórico, los escarabajos más valiosos son aquellos que contienen nombres de reyes. De hecho, los nombres de las dinastías de los hicsos se han recuperado en buena medida gracias a aparecer recogidos en escarabajos sagrados.
El Escarabajo del Corazón servía al propósito de facilitar ese paso a la otra vida. Medían unos 10 centímetros y solían ser elaborados con piedras semipreciosas, a veces engarzadas en oro o plata. Llevaban una inscripción extraída del Libro de los Muertos, con las palabras: " ¡Oh corazón mío que me dio mi madre, oh víscera de mi corazón de mis diferentes edades, no prestéis falsos testimonios contra mí en el día del juicio, no os opongáis a mí ante el tribunal, no demostréis hostilidad contra mí ... (ver texto completo)
Los antiguos egipcios consideraban que este órgano era el centro del pensamiento, la memoria y las emociones. Por ello era el más importante y, consecuentemente, esencial para alcanzar la vida después de la muerte. De ahí que nunca se quitara ni se embalsamara separadamente, puesto que era imprescindible su presencia en el cuerpo.
n el Imperio Nuevo encontramos el Escarabajo del Corazón, que se colocaba sobre el pecho de la momia, incrustado en el pectoral o simplemente colgando de su cuello mediante una cadena. Su misión era proteger el corazón del muerto al ser pesado contra la pluma de la verdad en el juicio final que tendría lugar ante Osiris y un tribunal compuesto por 43 deidades. Se le pedía entonces al difunto que pronunciara el nombre de cada uno de los divinos jueces, y que jurase que no había cometido ningún delito. Si era hallado inocente, se le permitía el paso al Más Allá. El proceso era registrado por Tot, el escriba de los dioses, representado para la ocasión con forma humana y cabeza de Ibis mientras escribe sobre un rollo de papiro. El corazón se pesaba en una balanza contra la justicia y la verdad, representadas por una pluma, símbolo de la diosa Maat. Si la balanza se desequilibraba porque pesaban demasiado los pecados y las malas acciones que cargaba el corazón, este era devorado por una bestia, un animal con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león o leopardo y las patas traseras de hipopótamo. En ese momento se negaba al difunto la vida eterna y dejaba de existir. Si el peso del corazón, por el contrario, resultaba ligero, era devuelto a su propietario para siempre. ... (ver texto completo)