Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Aunque generalmente eran pequeños y llevaban un agujero para permitir ensartarlos en un collar, en ocasiones los faraones los utilizaban para conmemorar algún hecho histórico, y en estos casos eran de un tamaño apreciable. Iban acompañados de detalladas inscripciones que dejaban constancia del acontecimiento, fuera un matrimonio, una coronación, una cacería o cualquier otra gran celebración. Este tipo de escarabajos eran luego distribuidos entre personajes destacados o monarcas de otros países, como ... (ver texto completo)
El escarabajo sagrado aparece frecuentemente representado en el arte egipcio. Algunos eran utilizados meramente como adorno, como colgante, pendientes o sortijas. A veces se grababan en ellos el nombre de su dueño, o unos signos jeroglíficos que solo comprendía quien los poseía, con lo cual se convirtieron en vehículo de transmisión de un lenguaje secreto y mágico. En otros aparece la frase “Durable para siempre es la renovación de Ra”. Con el paso de los años el diseño se fue haciendo más elaborado, ... (ver texto completo)
Llegaron a ser considerados símbolo de la fertilidad, por lo que, según Clarke, las mujeres egipcias comían estos insectos en la creencia de que la práctica beneficiaba tal propósito. Era tanto el poder que se les atribuía que muchos escarabajos fueron momificados, y se emplearon algunas partes de sus cuerpos para la fabricación de ungüentos medicinales. Estos remedios se consideraban eficaces para combatir la rigidez de las articulaciones y facilitar los partos
Aunque su uso no se generalizó hasta la Dinastía XII, se trata de uno de los amuletos más antiguos del mundo, puesto que el escarabajo comenzó a ser considerado una divinidad hace más de 4.500 años. Como los materiales variaban tanto, los escarabajos estaban al alcance de pobres y ricos por igual, y solían ofrecerse como regalos, tal como se aprecia en algunos ejemplos encontrados: “Con el favor de Ptah, el príncipe Shashang le desea a su madre, Ka-ra-ma-ma, un feliz año nuevo” aparece inscrito en ... (ver texto completo)
Los amuletos solían incluir la imagen de algún dios o animal, escenas mágicas o el nombre de un gran rey para reforzar su poder protector. Los egipcios creían que estos amuletos, llamados escarabeos, eran fuente de vida y poder para su portador, al que protegían contra al mal, pero también acompañaban a los muertos en su viaje al Más Allá. Quien lo portara en la muerte, alcanzaría la vida eterna.
Estos escarabajos servían de sellos o de amuletos. Los sellos llevaban grabado el nombre o la marca del propietario. Un ejemplo de su utilización son los tapones de terracota que cerraban las ánforas de vino, para evitar que otras personas no autorizadas pudieran abrirlas.
Elaboraron millones de ellos a base de los materiales más diversos, entre los que abundaban piedras preciosas como el lapislázuli, la turquesa o la amatista. Era frecuente encontrarlos tallados en piedra verde o azulada, o recubiertas de esmaltes de esos colores. La razón es que el azul simbolizaba el río Nilo, y el verde el crecimiento, la resurrección, la salud y la fertilidad.
Los sacerdotes observaron que los escarabajos peloteros desaparecían bajo tierra y otros nuevos surgían de pronto de esas bolas. Por eso los identificaron con Jepri (o Khepera), “el que llegó a ser”, el dios sol que se creó a sí mismo, que renace cada día y que representa la vida eterna. Pensaban que así como el escarabajo hacía rodar las bolas de estiércol, de igual modo el dios Jepri movía el disco solar a través del cielo, y cuando el sol desaparecía, él lo renovaba trayéndolo de nuevo cada mañana ... (ver texto completo)
Los escarabajos egipcios

“El corazón del hombre es su propio dios”

(Inscripción en un sarcófago egipcio)

Los antiguos egipcios tenían ideas peculiares acerca del sexo de los animales: así como estaban persuadidos de que todos los buitres eran hembras, también pensaban que todos los escarabajos eran machos, y que se reproducían al depositar su semen en las bolas de estiércol que hacen rodar por el suelo hasta almacenarlas en túneles subterráneos.
Más dramático aún fue el caso de otro caballero que más o menos por entonces sorprendió a su mujer en flagrante adulterio, los entregó a ambos a la justicia y el juez se los devolvió para que se tomara el castigo por su mano. Los asistentes solicitaron clemencia, pero el marido no estaba por hacer concesiones: los degolló a los dos. Después empapó su sombrero en la sangre derramada y lo lanzó a la muchedumbre mientras les gritaba:

— ¡Cuernos fuera!
El marqués se había tomado a la francesa el asunto. Cuando se tomaba a la española, las reacciones solían ser muy drásticas y llevaban su sello personalísimo. Fue en el mismo siglo, el jueves santo de 1637, cuando un escribano real, de nombre Miguel Pérez de las Navas, sospechando que su esposa a lo mejor le era infiel, decidió ejecutarla él mismo en su propia casa sin necesidad de más comprobación. Para ello aguardó piadosamente a que la desdichada se confesara y comulgara, dándole así la oportunidad ... (ver texto completo)
Cuando llegó el momento de entrar en la capilla, ordenó abrir los portalones grandes. Como todos se sorprendieron ante esta nueva extravagancia, él explicó:

— ¡Mis cuernos son tan grandes que no pueden pasar por la portezuela pequeña!

Ante las caras de circunstancias de los presentes, por fin el ataúd fue enterrado, grabándose sobre la piedra que lo cubría el nombre de madame de Montespan.
Al día siguiente un extraño cortejo desfiló por los patios del castillo. Los niños del coro llevaban cirios y entonaban el De Profundis rodeando un ataúd negro forrado de tela. El féretro viajaba en una carroza cubierta de crespón de luto y extrañamente adornada con unos cuernos de ciervo. Detrás iba monsieur de Montespan acompañado por sus dos hijos, Louis-Antoine y Marie-Christine.
Una vez allí, fiel a su estilo, reúne a sus familiares, amigos y servidores y les anuncia la muerte de su esposa. Después solicita al sacerdote celebrar exequias por ella.
Como no cesaba de dar escándalo y exhibir sus cuernos por todo París de forma bastante embarazosa para Luis XIV, éste dio orden de que fuera conducido a Fort l’Evêque, en la calle Saint-Germain l’Auxerrois. Allí lo hizo permenecer dos semanas, hasta calcular que el caballero habría reflexionado y se encontraría ya más tranquilo. Para asegurarse de que no seguiría poniéndolo en evidencia, Monsieur de Montespan fue desterrado de la corte. Debía viajar a las tierras de su padre, que no podría abandonar ... (ver texto completo)
Apenas dos días después de aquella escena, según nos cuenta Voltaire, se dirigió a Saint-Germain, donde se hallaba la corte, todo vestido de negro, en una carroza cubierta de crespones de luto tirada por caballos de hermoso color de ébano.

El rey se sorprendió al ver todo aquello y le preguntó:

—Pero ¿por quién lleváis luto?

—Por mi esposa, Sire, por mi esposa. ¡No volveré a verla!

Después de lo cual hizo una reverencia, salió dignamente y regresó a París, donde se dedicó a proclamar ... (ver texto completo)
“En cuanto la marquesa lo vio, lanzó grandes gritos y fue a refugiarse en brazos de su amiga, y él corrió en su persecución. Allí se produjo una escena terrible. No ahorró palabras. No hubo injurias, por sucias o atroces que fuesen, que no vomitase a la cara de madame de Montausier, con los reproches más violentos. Como quiso ir más allá, en su presencia, para la ejecución por la fuerza de lo que había proyectado, recurrieron una y otra a los gritos más penetrantes, que hicieron acudir a la servidumbre, ... (ver texto completo)
Tan sólo había un problema: si quería que el plan prosperase, era imprescindible que después se dirigiera al encuentro de la esposa y procediera con la segunda fase, algo que no resultaría tan sencillo, porque para entonces Madame de Montespan, que temía su furia, se guardaba mucho de encontrarse a solas con él. Al marqués le fue preciso burlar todas las vigilancias y forzar puertas de aposentos hasta que, tras amenazar a un lacayo con su bastón, consiguió presentarse ante ella. La encontró en compañía ... (ver texto completo)
De creer ciertas memorias, como las de Saint-Simon, el marqués tramó un plan maquiavélico a modo de venganza. Para ello parece haberse inspirado en una antigua historia que se contaba sobre los tiempos del rey Francisco I. En aquella época el marido engañado de la Bella Ferronière, con un refinamiento casi florentino, decidió contraer una enfermedad venérea y transmitírsela a su mujer para que ésta, a su vez, contagiara al rey. Monsieur de Montespan, supuestamente, habría decidido imitarlo, frecuentando ... (ver texto completo)
No fue éste el caso del marqués de Montespan cuando el Rey Sol fue a fijarse en su esposa para convertirla en su favorita. Monsieur de Montespan fue, como ocurre tantas veces, el último en enterarse, pero cuando por fin comprendió la magnitud de su desdicha, no reaccionó mansamente.
Es bien conocido lo mal que encajaban estos asuntos los caballeros medievales y la facilidad con la que podían obtener del rey el permiso para lavar su honra quemando a la esposa infiel en una hoguera. Parecería que, al disiparse las tinieblas de esos siglos oscuros, el modo en que los maridos afrontaban su propia desgracia iba a adecuarse a la tímida apertura que traían consigo los nuevos tiempos, mas no fue así. Algunos, ciertamente, se lo tomaban con filosofía; otros, en cambio, no veían otra ... (ver texto completo)
Hubo un tiempo en el que las infidelidades conyugales casi podían considerarse un deporte de riesgo. O sin casi.
Cuernos fuera

Cornudo eres, Fulano, hasta los codos,

Y puedes rastrillar con las dos sienes;

Tan largos y tendidos cuernos tienes,

Que, si no los enfaldas, harás lodos.

(Francisco de Quevedo) ... (ver texto completo)
Buenos días, si puedo elegir, entonces me pido ROJO, si este color no está, entonces BLANCO. ¿OK?.
Gracias por adelantado. besossssssssss. rs
Para el próximo año espero que me tengas preparado un pañuelo, ya que cuando llego no me dá tiempoooooooooooooooooooo a comprarlo.
kisesssssssssssssssss miles. rs
Así "despacico", jejeje que no se "agarre", jejejje.

Buén día cocineros.
Siempre que quiero follar con mi mujer dice que le duele la cabeza.

- A mí nunca me lo dice.

- Pero tú no estás casado.

- No me has entendido.

______________________________ ___

Y… bueno, ¿ahora sí?, ¿ahora me has entendido? ... (ver texto completo)
Tu mujer me pidió que le ayudara con una estantería y acabe montándola.

- Es que no se le da nada bien el bricolaje.

- No me has entendido.

______________________________ ___
- Estás más delgada, no?

- Es que el negro me adelgaza...

- ¡Pero si vas de rojo!

- No me has entendido.
- Hija, llegas tarde y encima acalorada y sudorosa.

- Es que vengo follada

- Ya, apuras el tiempo y luego vienes con prisas.

- No me has entendido.

______________________________ ___
- Hija, deja de ligar con el panadero, podría ser tu padre.

- Me da igual que sea mayor que yo.

- No me has entendido
- Pepe, anoche me dieron por detrás en el coche.

- ¿Hiciste el parte amistoso?

- No me has entendido.

______________________________ ___
Como curiosidad, el sudor de los gladiadores se consideraba un poderoso afrodisíaco además de un tratamiento de belleza para mejorar la piel, y se vendía como souvenir en puestos situados en el exterior del circo. ¡Era carísimo!
Algunas señoras se cargaban de una enorme cantidad de joyas, fuera apropiado o no a la ocasión. Se apreciaban especialmente las perlas y las esmeraldas, pero no los diamantes, puesto que aún no se había descubierto el modo de tallarlos y pulirlos.
Las romanas más acaudaladas compraban unos cosméticos muy caros que venían en recipientes de oro, madera, cristal o hueso. De hecho, algunos productos tenían precios tan prohibitivos que la Lex Oppia intentó limitar su uso en el 189 a. C. El tocador de una mujer elegante estaba lleno de hileras de pequeños frascos contenedores de toda clase de remedios de belleza que a veces no resistían el calor o la lluvia. Encontramos al respecto estas poco galantes palabras de Marcial: “el colorete de Sabella ... (ver texto completo)
El maquillaje solía venir en tabletas y se vendía en los mercados. Existían también tiendas especializadas en la venta de cosméticos que recibían el nombre del vendedor. Una de las más populares era la del pigmentarius, pero también estaba el ungüentarius y el farmacopola.
Las cejas más apreciadas eran oscuras y muy juntas, casi unidas. Las maquillaban para conseguir ese efecto, pero en el siglo I a. C. comenzaron a depilarlas. No hay pruebas de que demuestren el uso del la pintura labial, pero sí de un tinte rojo para las uñas.
Los ojos considerados hermosos tenían que ser grandes y bordeados de largas pestañas. Plinio el Viejo escribió que las pestañas se caían con el abuso del sexo, de modo que era importante para una mujer mantenerlas largas para demostrar su castidad. Se aplicaban kohl con un palillo redondo de marfil, hueso o madera. Este palillo se mojaba en aceite o en agua antes de utilizarlo para aplicarse el kohl, que venía en tubos con compartimentos para almacenar varios colores. También podían sombrear los ... (ver texto completo)
Los espejos en la Antigua Roma eran sobre todo de mano y de metal pulido, aunque también los había más grandes para colocar en la pared. Pero pasar demasiado tiempo delante del espejo denotaba debilidad de carácter.
Las mujeres utilizaban abundantes cantidades de perfume, puesto que se creía que oler bien era señal de buena salud, protegiendo contra la fiebre y la indigestión. En los hombres se consideraba impropio, aunque algunos también se perfumaban. Contaban incluso con desodorantes elaborados a base de alumbre, lirios y pétalos de rosa.
Cuando las romanas salían, debían llevar la cabeza cubierta. Hay una historia sobre un romano excesivamente conservador en tiempos de la República que se divorció de su esposa porque había sido vista en público con la cabeza descubierta. Alegó que su belleza era para contemplarla él, y no todo el mundo.
Los cosméticos, o más propiamente el uso excesivo de los mismos, se consideraba inmoral y estaba especialmente asociado a las prostitutas. Según Juvenal, “una mujer compra perfumes y lociones con el adulterio en mente”. Lo correcto era utilizar poco maquillaje, justo lo necesario para realzar la belleza natural, pues el uso de cosméticos se veía como una maniobra para engañar y manipular a los hombres. Las vestales, por supuesto, no debían utilizar maquillaje, puesto que tenían que parecer siempre ... (ver texto completo)
Las mujeres se aplicaban los cosméticos en privado, normalmente en una pequeña habitación cuya entrada estaba vedada a los hombres. Había esclavos cuyo cometido era ocuparse de las cuestiones de tocador. Eran los llamados cosmetriae, mientras que las ornatrices eran esclavas y libertas que ejercían como camareras o doncellas especializadas en el peinado y aderezo personal. La formación de los cosmetraiae corría a cargo de maestros cualificados
Ya se conocía la cirugía estética. Intentaban minimizar y ocultar las cicatrices con parches de alumbre, pero contaban con un método quirúrgico para eliminarlas. Para un hombre eran especialmente vergonzosas las de la espalda, por sugerir que había dado la espalda en batalla o que había recibido azotes como esclavo. En el siglo I se operaba la nariz, ojos, labios y dentadura. La operación de nariz era demandada por mujeres adúlteras y ladrones que habían sufrido como castigo la amputación del apéndice nasal. ... (ver texto completo)
Frecuentemente se aplicaban mascarillas de belleza antes del maquillaje. Los baños en leche de burra eran un tratamiento muy caro que funcionaba como exfoliante y fueron utilizados por Cleopatra y Popea Sabina. Después del baño se aplicaban un blanqueador facial, como por ejemplo polvo de tiza, estiércol de cocodrilo o albayalde. También era popular la cera de abeja, el aceite de oliva, agua de rosas o azafrán. No les gustaban las pecas, que trataban con ceniza de caracol, y detestaban cualquier ... (ver texto completo)
Para las romanas era muy importante tener la piel blanca y suave, aunque con las mejillas un poco sonrosadas. A tal efecto usaban extractos de limón, rosa y jazmín, y para las arruga, cera de abejas, aceite de oliva y agua de rosas, o bien grasa de cisne o goma arábiga. Para el colorete empleaban diversas sustancias, sin importarles el peligro que entrañaba que algunas de ellas fueran venenosas. La más cara y apreciada era un ocre rojo importado de Bélgica. Además blanqueaban sus dientes con piedra ... (ver texto completo)
Los hombres llevaban el cabello corto y solían sujetarlo con una cinta. Las mujeres elegían entre una amplia variedad de peinados: podían dejar caer su cabello rizado, en forma de tirabuzón o ligeramente ondulado, o bien recogerlo en moños sobre la nuca, envueltos con redecillas y cintas.
Cuando Julio César regresó de sus campañas y trajo consigo unos esclavos que causaron sensación en Roma debido al color de su piel y sus cabellos, entre las romanas se puso de moda ser rubia. Pronto comenzaron a circular toda clase de fórmulas y ungüentos para aclarar la piel y teñir el cabello, algo que anteriormente solo hacían las prostitutas. Las romanas más acaudaladas rociaban sus cabellos con oro en polvo, o se teñían con un cosmético que importaban de la Galia, mientras que las clases más ... (ver texto completo)
Las termas romanas eran baños públicos con estancias dedicadas a actividades gimnásticas y de tipo lúdico, por lo que se consideraban al mismo tiempo centros de reunión para la gente que no podía permitirse tener baño en casa. Eran tan populares que en Roma se edificaron los de Caracalla, con capacidad para 1.600 personas, y los baños termales de Diocleciano, que podían albergar a 3.000. En el siglo IV había 900 en la ciudad.
Llevar pantalones, por supuesto, era una vergüenza, algo propio de los bárbaros. En el año 397 el emperador Honorio decretó penas muy severas para los hombres que osaran aparecen en pantalones en la “venerable ciudad” de Roma.