Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Bestiarii era también el nombre que recibían los trabajadores encargados del cuidado de los animales, de separarlos de sus víctimas o animarlos a la lucha haciéndolos salir de sus jaulas mediante paja ardiendo. Si eran atacados mientras se aplicaban a la tarea, podían buscar refugio en los burladeros que había en torno a la arena.
Este método de acabar con los criminales, importado de los cartagineses en el siglo II a. C., no se abolió hasta el año 681. Los cartagineses lo aplicaban a los desertores o esclavos fugitivos, como medida disuasoria para otros. Los romanos también lo aplicaron a los primeros cristianos.
La venatio era, pues, la damnatio ad bestias, una forma de pena de muerte destinada a los enemigos del Estado, tan atroz que muchos se resistieron a morir de ese modo. Séneca cuenta cómo un infortunado prisionero germano destinado a participar en una de estas luchas optó por suicidarse tragando una esponja. Otro de ellos, cuando iba a ser conducido a la arena, metió la cabeza entre los radios de la rueda del carro y se partió el cuello. Tenemos también el dato de 29 prisioneros sajones que se estrangularon ... (ver texto completo)
En ocasiones se trataba de mercenarios, pero otras veces eran cautivos o criminales obligados a luchar contra las fieras en la arena. Los primeros eran los venatores (cazadores) propiamente dichos, divididos en varias categorías según su especialidad: arqueros, taurarii (toreros), etc. Los segundos eran los bestiarii, que ofrecían un espectáculo de hombres sin entrenar, armados de forma imperfecta o a veces expuestos totalmente a los animales, atados a columnas o encerrados con ellos en una jaula. ... (ver texto completo)
La venatio en la antigua Roma

Uno de los espectáculos más sanguinarios de la antigua Roma era la venatio de animales salvajes, que data del año 186 a. C. Estos gladiadores luchaban a pie o a caballo y se adiestraban en la escuela situada junto al Coliseo llamada ludus matutinus, dado que en un principio estos espectáculos tenían lugar por la mañana, mientras que los combates de gladiadores se celebraban por la tarde. En esta escuela no solo recibían formación los luchadores, sino que también se ... (ver texto completo)
“Fue sin duda la más absoluta y perfecta encarnación de la Mujer que jamás haya existido. Y ahora está muerta y no sé qué extraño acorde de elegía vibra en mi corazón en recuerdo suyo.” (Franz Liszt)
Desde el día de su muerte, jamás han faltado camelias en su tumba.
Cinco meses más tarde, Alejandro Dumas hijo la inmortalizaba en La Dama de las Camelias, con el nombre de Marguerite Gautier. Adaptada para el teatro, la obra fue un gran éxito. Verdi acudió a verla y encontró en ella inspiración para componer La Traviata, que se estrenó en Venecia dos años más tarde.
Fue enterrada en el cementerio de Montmartre, pero dos semanas más tarde su esposo hizo que sus restos fueran trasladados a una sepultura que él había adquirido, una tumba blanca en la que puede leerse esta inscripción:

Ici Repose

ALPHONSINE PLESSIS

Née Le 15 Janvier 1824

Decedée le 5 Fevrier 1847
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Dos días después se celebraba su funeral en la iglesia de la Madeleine. Dicen que solo dos hombres acompañaron el cortejo fúnebre: su marido y el viejo Stackelberg, su antiguo protector.
El último año de su vida lo pasó de un médico a otro, tratando inútilmente de eludir la muerte y mientras sus deudas se acumulaban. El conde, su esposo, había acudido a su lado desde Londres en cuanto se enteró de su gravedad, y no se apartó ni un momento de la cabecera de su lecho hasta que la terrible enfermedad acabó con ella en febrero de 1847. Tenía 23 años recién cumplidos y moría una noche mientras en la calle la gente celebraba el carnaval. Todas sus posesiones, incluido su loro, tuvieron ... (ver texto completo)
El matrimonio no era legal en Francia, porque el miedo a la reacción de su familia hizo que la generosidad del conde no llegara tan lejos como para atreverse a publicar las amonestaciones en su país. Pero eso no impidió a María utilizar el título de condesa y crear su propio blasón, que hizo figurar en su vajilla, su papel de escribir y la portezuela de su carruaje.
Estaba muy enferma cuando el 21 de febrero de 1846 contraía matrimonio en Londres con su antiguo amante, el conde de Perregaux, que tuvo el hermoso gesto de desear regular la situación de la mujer que tanto había amado antes de que le llegara la muerte. Fue un matrimonio de conveniencia, realizado tan solo por ese motivo, de modo que pronto se separaron y no llegaron a convivir como marido y mujer.
Liszt le prometió llevarla a Constantinopla más adelante, algo que ya nunca se cumpliría, porque no volvería a verla con vida. Cuando conoció su gravedad, le envió al médico más eminente de cuantos conocía. Nada pudo hacerse por ella.
—Sé que no voy a vivir mucho —le dijo—. Soy una chica rara y no puedo aferrarme a esta vida, que es la única que sé llevar pero que no puedo soportar.
Fue después de esta relación cuando, a finales de ese año, Marie comenzó otra con Liszt, recientemente separado de su amante, la condesa Marie d’Agoult. Fue ella quien se dirigió a él cuando lo vio en el pasillo de un teatro, y ambos permanecieron charlando durante todo el tercer acto de la obra. Marie insistió a su médico, que conocía al músico, para que lo trajera a una de sus recepciones, y de ese modo comenzó una relación que fue breve, pero apasionada y turbulenta. Cuando él abandonó París para ... (ver texto completo)
“No soy no bastante rico para amarte ni lo bastante pobre para ser amado como tú quieres. Así que olvidemos los dos: tú un nombre que apenas debe de significar nada para ti, y yo una felicidad que me ha resultado imposible. No tiene sentido que te diga lo triste que me siento, puesto que ya sabes cuánto te amo. Adiós. Tu corazón es demasiado grande para no comprender la razón de mi carta, y tu naturaleza demasiado bondadosa para no perdonarme por ello. Mil recuerdos.”
Él le respondió con esta otra carta en agosto de 1845:
“ ¿Por qué no me has dicho cómo estás y por qué no me escribes con sinceridad? Creo que deberías tratarme como un amigo. Espero una palabra tuya y te beso cariñosamente como amante o como amiga, lo que tú prefieras. En cualquier caso, siempre seré tuya.”
Uno de los hombres que cayó bajo su hechizo fue Alejandro Dumas hijo. Se habían conocido dos años antes, aunque su relación comenzó cuando ambos volvieron a coincidir en 1844. El joven no tenía medios económicos para mantenerla, lo cual, por una vez, no supuso un obstáculo para que ella lo aceptara como amant de coeur. Pero Alejandro contemplaba desesperado cómo no había ninguna cosa que pudiera hacer para conseguir que no necesitara recurrir a otros hombres para su manutención, algo que le hizo ... (ver texto completo)
Marie era ludópata. Jugaba compulsivamente y vivía como si supiera que no le quedaba mucho tiempo y tenía que aprovechar cada momento. Pero entre sus virtudes se contaba la de la generosidad con las personas necesitadas, y en especial con las jóvenes que se encontraban en situaciones similares a las que ella había padecido.
Mujer elegante y refinada, adoraba las flores, y especialmente las camelias, de las que vivía rodeada. Su carácter solía ser alegre, pero sus cambios de humor eran extraños: tan pronto aparecía exultante como entraba en periodos de repentina melancolía. Además era mitómana. No podía evitar mentir constantemente, de una forma incluso absurda, y cuando un amigo le preguntó por qué lo hacía, ella respondió:

—Mentir blanquea los dientes.
En 1844, cuando contaba 20 años, pasó a ser mantenida en exclusiva por el anciano conde von Stackelberg, quien había sido embajador ruso. Marie le recordaba al caballero a una hija suya que había muerto muy joven, algo que despertó su instinto protector. El conde pagaba sus facturas, compraba en Inglaterra caballos para ella y alquilaba palcos en los mejores teatros de París. En su lujosa vivienda del Boulevard de la Madeleine, amueblada al estilo Luis XV, Marie recibía a toda la intelectualidad ... (ver texto completo)
Además de Agénor tuvo muchos otros amantes dispuestos a arruinarse por ella. Hubo un momento en el que tenía siete al mismo tiempo. Uno de los más conocidos fue el conde Edouard de Perregaux. Pero la salud de Marie, que padecía tuberculosis, comenzó a agravarse por entonces, y eso motiva que se desplace a Baden-Baden para beneficiarse de las aguas termales. Cuando regresa a París, él se había arruinado y no podía seguir manteniéndola.
Es posible que ella diera a luz un hijo de Guiche en 1841, una criatura que sería entregada en adopción y que posteriormente moriría de una neumonía. En cualquier caso, la historia no duró mucho, porque la familia de él, alarmada ante las negativas repercusiones que esa relación podría tener sobre la brillante carrera de Agénor y sobre el propio apellido, tomó cartas en el asunto y logró que se separaran.
El joven Agénor de Guiche, posteriormente duque de Gramont y ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III, se enamoró de ella y se ocupó de que recibiera una educación esmerada. Marie aprendió a bailar, a tocar el piano, a hablar francés correctamente como cualquier aristócrata y sin ese acento normando, y a comportarse en sociedad. Pronto se convirtió en ávida lectora y se interesaba por las noticias de actualidad con las que poder ofrecer conversación.
Las exigencias económicas de la bella comenzaron a ser desmedidas, y al cabo de un año Nollet ya no era capaz de satisfacerlas. Alphonsine comenzó a buscar otros hombres que pudieran pagar sus lujos. Para ello era buena idea dejarse ver en el teatro, así que se convirtió en asidua de la Comedie Française y de otros lugares convenientes para la consecución de sus fines. Fue por esta época cuando cambió su nombre por el de Marie, y añadió el aristocrático du a su apellido.
Tenía 16 años y era preciosa con su cabello oscuro y sus enormes ojos negros bordeados de largas pestañas. Pálida y delgada, tenía un conmovedor aire de fragilidad que nunca la abandonó. Un domingo paseaba con unas amigas por las inmediaciones del Palais Royal y se detuvieron a tomar algo en el restaurante de Monsieur Nollet, quien quedó subyugado por la joven. Se trataba de un hombre de buena posición, de modo que pudo instalar a Alphonsine en un pequeño apartamento de la rue l’Arcade, con tres ... (ver texto completo)
Cuando Alphonsine tenía quince años, después de trabajar en un mesón y en una fábrica de paraguas, llegó a París con una compañía de gitanos. Allí trabajó en una tienda a cambio de un salario miserable y comenzó a aprender el oficio de modista. El escritor Nestor Roqueplan cuenta cómo fue su primer encuentro durante esa época: ella miraba anhelante las patatas fritas que vendían en la calle. Roqueplan sintió lástima y le compró algunas, que la joven devoró con avidez.
Un año más tarde Alphonsine comenzaba en el oficio de lavandera. Por esas fechas su padre hacía negocio vendiéndola a un anciano de 70 años, que abusó de ella durante un tiempo. La niña se escapó y encontró un empleo como sirvienta, pero Marin se presentó a buscarla
Al marcharse de su hogar, Marie dejó a sus dos hijas a cargo de unos parientes, con la intención de reclamarlas cuando le fuera posible. Lamentablemente la mujer fallecía poco después, víctima de la tuberculosis, y Alphonsine y su hermana Delphine se separaron. Alphonsine vivía y trabajaba en la granja de estos parientes y, según el biógrafo Romain Vienne, fue violada por uno de los trabajadores contando once o doce años. Cuando se conoció el incidente, la niña fue devuelta a su padre.
Marie Duplessis: la verdadera Dama de las Camelias

“No soy yo quien baila demasiado rápido; son los violines los que tocan muy lento.”

(Marie Duplessis)

Su verdadero nombre era Rose Alphonsine Plessis. Había nacido en un pueblo de Normandía el 15 de enero de 1824, en el seno de una familia humilde. Su madre, Marie Deshayes, procedía en realidad de una familia de aristócratas a los que la Revolución privó de fortuna. La pobre mujer cometió el error de enamorarse del hombre equivocado: Marin ... (ver texto completo)
La Estrellita

Una estrellita pasó
caminando pa' Belén
era tan linda y tan joven
que el niño la quiso ver

El buen buey dijo que no,
el gallo dijo no sé
pero el burriito de Pascua ... (ver texto completo)
Cuando ella murió en 1699, probablemente debido a un suicidio, el duque dio rienda suelta a su extravagancia. Armand reclamó el cuerpo de Hortensia, y pasó casi un año antes de que le diera sepultura. Durante ese tiempo llevaba el ataúd consigo por dondequiera que iba, como en su día había hecho la reina Juana de Castilla con Felipe el Hermoso. Finalmente depositó los restos de su esposa a los pies de la tumba del cardenal Mazarino.
La fuga de Hortensia no fue descubierta hasta la mañana siguiente. El marido corrió entonces a ver al rey para solicitarle que fuera detenida en la frontera, pero no le sirvió de mucho: Luis XIV profesaba un gran afecto a las sobrinas del cardenal, y, desde luego, en este asunto estaba inequívocamente de parte de Hortensia. El rey, con mucha ironía, remitió a Armand a su amigo el Arcángel San Gabriel y se desentendió del asunto. Incluso ayudó a Hortensia con una pensión que le permitiera vivir con ... (ver texto completo)
La duquesa de Mazarino no soportaba aquella situación, de modo que decidió emprender la huida. La noche del 13 de junio de 1668 abandonó furtivamente el hogar conyugal ayudada por su hermano. Dejaba atrás a los cuatro hijos habidos de su matrimonio, el menor de los cuales tenía tan solo dos años.
Al cabo de un tiempo se acordó que regresaría al palacio Mazarino, donde ella y su esposo ocuparían habitaciones separadas. El hermano de Hortensia, Felipe, residía en un palacio contiguo. Ella hizo abrir un pasadizo mediante el cual tenía acceso a sus apartamentos a cualquier hora del día o de la noche, y eso fue lo que dio pie a Armand para llegar al extremo de sugerir una relación demasiado íntima entre ambos.
El matrimonio era un infierno para Hortensia, que “no podía comer, caminar, dormir ni vivir en paz". Llegó a arrebatarle sus diamantes, y fue la gota que colmó el vaso: ella se rebeló. Como respuesta a su rebeldía, y harto del comportamiento de una esposa mundana y que amaba reír sobre todas las cosas, Armand decidió enviarla a un convento.
Impulsado por un concepto fatalista de la vida, estaba convencido de que el rango y las propiedades de las personas eran cuestiones que determinaba la suerte. Por tanto, en una ocasión se dedicó a distribuir los empleos dentro de su casa como si fuera una lotería. El resultado fue que el cocinero fue ascendido al lucrativo puesto de mayordomo, y el jefe de cuadras a secretario personal. Y en otra ocasión se enfureció con sus servidores porque, habiéndose declarado un incendio en una de sus residencias, ... (ver texto completo)
Armand tenía una magnífica colección de arte que había heredado del cardenal, pero él la estropeaba haciendo que pintaran encima de los desnudos para que no se viera nada indecoroso. En cuanto a las pobres estatuas, corrían aún peor suerte: él mismo destrozó a martillazos las más bellas de la galería.
Hasta tal punto su fanatismo que no quería que las nodrizas amamantaran a los niños en los días en que se celebrara alguna festividad religiosa. Tampoco le gustaba que las lecheras ordeñaran las vacas, porque eso tenía para él connotaciones sexuales, y escribía tratados con los que pretendía regular las normas de la decencia.
Pero el duque estaba tan convencido de que el sexo era algo pernicioso que arrancaba los dientes delanteros de sus sirvientas y llegó a proponer arrancar también los de sus tres hijas. De ese modo pretendía sofocar cualquier inclinación a la vanidad y, al mismo tiempo, impedir que resultaran atractivas a los hombres. Afortunadamente para ellas, se le pasó pronto el arrebato.
Era un hombre caprichoso, tenía un carácter malhumorado, rehuía la compañía y no se destacaba por su brillante intelecto, sino que, por el contrario, pronto comenzó a dar muestras de ser mentalmente inestable. Más que un cristiano devoto, se creía inspirado por Dios, y sus supuestas visiones y revelaciones divinas eran el hazmerreír en la corte del Rey Sol. Oía voces y aseguraba que hablaba con los ángeles. A este respecto hay una anécdota que cuenta que, muy molesto por la relación pecaminosa que el rey mantenía con La Vallière, un día el duque se dirigió a él y ni corto ni perezoso le dijo que se le había aparecido el arcángel San Gabriel para ordenarle a Luis que rompiera con la favorita. El rey le respondió:

—También se me apareció a mí, y me aseguró que estáis chiflado. ... (ver texto completo)
El cardenal falleció al año siguiente dejando a su sobrina una herencia fabulosa y un esposo difícil de soportar. Pronto se hizo evidente que ambos cónyuges eran totalmente incompatibles: Hortensia no tenía intención de renunciar a las diversiones de la corte ni a recibir las atenciones y halagos de sus múltiples admiradores. Armand se mostraba excesivamente celoso, y llegó a sospechar que Hortensia mantenía una relación con su propio hermano, Felipe de Nevers, y tapió el corredor que conectaba los aposentos de ambos. Insistía en que su esposa lo acompañara en todos sus viajes para poder vigilarla, y no dejaba de trasladarse de una a otra de sus residencias, porque en cuanto un lacayo apuesto se dirigía demasiado cortésmente a Hortensia, ya sentía la necesidad de alejarla de allí. Se oponía a que desarrollara cualquier clase de actividad social y despedía a sus servidoras por creer que eran cómplices y encubridoras en oscuras tramas de cuernos. Además se negaba a dirigirle la palabra mientras no retirara los cosméticos de su rostro y le prohibió ofrecer representaciones teatrales dentro del palacio. También le prohibía terminantemente quedarse a solas con cualquier hombre, la obligaba a rezar durante buena parte del día en la capilla, pidiendo perdón por los pecados de la carne, y organizaba extravagantes búsquedas a medianoche, a la caza de posibles amantes secretos. ... (ver texto completo)
Armand —cuyo rostro, según Madame de Sévigné, era una justificación para todos los cuernos que quisiera ponerle una esposa atractiva— se enamoró desesperadamente de Hortensia apenas la conoció, se negaba a aceptar a otra por esposa y juraba que moriría en tres meses si no podía casarse con ella. No era esta la boda que Mazarino tenía en mente, pero ante la inusitada insistencia del joven, el cardenal terminó por acceder. En 1661 Hortensia, a punto de cumplir quince años, se casaba con su ardiente ... (ver texto completo)
Las manías del Duque de Mazarino

Armand Charles de La Porte, hijo del duque de la Meilleraye estaba casado con Hortensia Mancini, dándose la circunstancia de que ambos eran sobrinos de los dos cardenales que gobernaron Francia durante ese siglo: él era sobrino de Richelieu, y ella de Mazarino.
¡Que gran ocasión para la intriga! No iba a poder resistir lanzarse a una de ellas cuando 13 días después de la ceremonia, el 24 de mayo de 1625, llegaba a París el joven y seductor George Villiers, duque de Buckingham, para conducir a Enriqueta a Inglaterra. La Chevreuse intentaría lanzar a Ana de Austria de cabeza a la aventura...

El relato continuará con "Ana de Austria y el duque de Buckingham"
La duquesa nunca dejó de estar en todas las salsas. Ella y su segundo esposo tuvieron un papel destacado en el matrimonio de Enriqueta María, la hermana de Luis XIII, con el rey de Inglaterra. Como Carlos I no podía abandonar su reino, se acordó que se casarían por poderes y que sería el duque de Chevreuse quien le representaría en Francia. Después de la ceremonia, el duque debía acompañar a la recién casada a Inglaterra, y madame de Chevreuse le seguiría.
Marie y Claudio se habían visto muchas veces en la corte. Solían encontrarse en casa de la princesa de Conti, hermana de él. Al tanto de los sentimientos de su hermano, les facilitaba las entrevistas, que desde la muerte de Luynes se sucedían sin rebozo. En abril de 1622, tras caer en desgracia, Marie comprendió que no tenía otro modo de salir adelante que casándose con él, de modo que le propuso matrimonio sin vacilar, y el desconcertado Chevreuse apenas tiene otra opción que aceptar. Ambos se casan ... (ver texto completo)
La amistad de Marie con el duque de Chevreuse había comenzado en vida de su marido, y fue algo que dio mucho que hablar. De hecho Luis XIII, en un arrebato de mal humor contra Luynes, le había revelado que monsieur de Chevreuse estaba enamorado de su esposa.