Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Y esto nos lleva a Claudio de Lorena, primero Príncipe de Joinville y luego duque de Chevreuse. Era el tercero de los cinco hijos del duque de Guisa. Le doblaba la edad a Marie: hacia 1622 tenía 44 años, y había tenido numerosas amantes: siempre se encaprichaba de las del difunto Enrique IV, por lo que en una ocasión el rey le había enviado en un viaje a Inglaterra para librarse de su molesta presencia.
Luis XIII se había reconciliado con su madre, María de Médicis, que regresaba ahora a la corte para emponzoñar aún más la convivencia con la reina. Para entonces Marie de Rohan se había convertido en el único refugio de Ana de Austria; ambas eran inseparables. Pero entonces sobrevino la tragedia: Ana, que ya había tenido un primer aborto, causó accidentalmente el segundo jugando de modo imprudente con su amiga por los corredores del Louvre. Fue Marie, al parecer, quien tuvo la infortunada idea de ... (ver texto completo)
Luynes falleció en diciembre de 1621, a consecuencia de unas fiebres durante el transcurso de una campaña en el Midi. En el momento de su muerte la esposa estaba en París, a punto de dar a luz. Luis, a su regreso, no acudió a verla, sino que se limitó a ordenarle abandonar el Louvre con el pretexto de que no era oportuno que el nacimiento de su hijo tuviera lugar en el palacio real, privilegio reservado a los príncipes de la sangre. Posteriormente retiró la orden, pero la hizo trasladar a un lugar ... (ver texto completo)
Dicen que el propio rey se sintió pronto seducido por los encantos de Marie. Sin embargo, como afirma Tallemant des Reaux, “nunca tuvo la intención de convertir en cornudo al condestable de Luynes”. Virtuoso, tímido y poco emprendedor, Luis no era lo suficientemente osado. Aun en el supuesto de que fuera cierto que alguna vez se sintió atraído, la dama no era de su agrado por la gran influencia que ejercía sobre la reina.
El 25 de diciembre de 1620 daba a luz un hijo. El favor del que gozaba para entonces era tal que Ana de Austria la veló toda la noche, y por la mañana incluso repicaron las campanas celebrando el acontecimiento. Luis XIII, que en ese momento estaba en Calais con Luynes, hizo disparar los cañones para anunciarle al padre la buena nueva.
A los 16 meses de su matrimonio Marie tuvo una hija. Desde el primer momento planeó prometerla a algún gran personaje, en lo que encontró la colaboración de la reina. El elegido fue monsieur de Joyeuse, hijo del duque de Guisa.
Marie fue nombrada superintendente de la Casa de la reina. Esto se hizo al principio muy a pesar de Ana de Austria: ella detestaba al favorito, y por nada del mundo hubiera querido tener a su esposa tan cerca, pero tuvo que acatar la voluntad del rey. Sin embargo, poco a poco Marie de Rohan se fue ganando su simpatía hasta comenzar a forjar una sólida amistad entre ambas.
A punto de cumplir 17 años, su padre, ansioso por desembarazarse de ella, planeó casarla. Era el momento en que Luis XIII había puesto fin a la regencia de su madre y ejecutado a Concini. Tenía entonces por favorito a Charles d’Albert, posteriormente duque de Luynes, un caballero que a sus 39 años resultaba hermoso, tenía muy buena planta y hacía gala de unos modales exquisitos. El rey le había ofrecido por esposa a su propia hermanastra, mademoiselle de Vendôme, pero ella lo rechazó por juzgarlo poca cosa. Él, despechado, decidió contraer rápidamente matrimonio con cualquier otra que se le presentara. Fue entonces cuando dirigió su mirada hacia Marie de Rohan, joven, rica y seductora. Luis XIII dio su aprobación, y ella tampoco tenía nada que objetar. La diferencia de edad era cosa corriente en la época, por lo que no supuso ningún obstáculo. Ambos se casaban el lunes 11 de septiembre de 1617, en los apartamentos de la reina en el Louvre, en presencia del rey y de algunos notables de la corte. ... (ver texto completo)
Marie apenas conoció a su madre, Madeleine de Lenoncourt, fallecida cuando ella no había cumplido siquiera dos años. Pasó su infancia en manos de gobernantas desprovistas de autoridad, por lo que no fue educada con esmero ni de un modo capaz de predisponerla a la virtud, pero ella suplía con su inteligencia las deficiencias de su educación. Desde el primer momento manifestó una encantadora coquetería y una ligereza peligrosa, rasgos de su carácter que la inclinarían hacia una vida independiente, llena de placeres, fantasías y libertades. ... (ver texto completo)
Cumplidos los 60, el caballero volvió a casarse, y esta vez eligió a una jovencita de tan solo 18 y que pasaba por ser una de las mayores bellezas de su tiempo: Marie d’Avaugour de Bretagne, hija del conde de Vertus. Para ello la sacó del convento en el que deseaba profesar como religiosa. Monsieur de Montbazon, en absoluto desalentado por la diferencia de edad, fue capaz de engendrar tres hijos durante su segundo matrimonio, convirtiéndose en padre por última vez a los 76.
El padre de la duquesa, monsieur de Montbazon, se había casado dos veces. Tuvo dos hijos de su primer matriomino: el mayor era un varón, Luis VII de Rohan, Príncipe de Guéméné, y la segunda fue nuestra Marie, nacida en diciembre del año 1600.
Le gustaba el romance. Le duraban poco los amores y cambiaban frecuentemente, pero no los simultaneaba. Durante el tiempo que durase la relación, permanecía fiel. También adoraba divertirse. Por donde pasaba dejaba el recuerdo exquisito de su alegría y su vivo ingenio, algo que se manifestaba en su conversación. Dicen sus biógrafos que no era egoísta ni ambiciosa, y que si intrigó toda su vida fue, simplemente, en parte por diversión y en parte por devoción hacia los que amaba. Así lo afirma madame de Motteville cuando dice: “Yo la oí decir a ella misma que la ambición nunca le había tocado el corazón, sino que era el placer lo que había perseguido”. Es decir, Madame de Chevreuse fue una conspiradora vocacional. ... (ver texto completo)
La duquesa era bonita, distinguida, su rostro un óvalo perfecto de rasgos delicados y aristocráticos, boca perfecta de labios rojos que levantaban pasiones. La mirada guardaba un gran misterio; los cabellos eran rubios, el talle esbelto, el cuerpo bien proporcionado, aunque no era muy alta. El conjunto resultaba sumamente elegante, gracioso, femenino. Marie no dejaba indiferente a nadie; jóvenes o viejos, nobles o plebeyos, todos solían sentirse atraídos. “Galante, vivaz, osada, emprendedora”, la describía La Rochefoucauld. ... (ver texto completo)
Madame de Chevreuse y Ana de Austria

Francia solo está tranquila cuando ella está lejos.” (Mazarino)

La vida de Marie-Aimée de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse, fue una larga serie de aventuras amorosas, intrigas y complots que le granjearán la enemistad de Luis XIII, de Richelieu y de Mazarino.
DIN, DON, DIN
DIN, DON, DAN

Albricias! ¡Albricias!
¡Llegó Navidad!
con su din, don, din
con su din, don, dan

Todos los pastores
vienen a adorar ... (ver texto completo)
Una vez nacida Anne Marie, ya no tenía ningún pretexto para permanecer en la isla. Richelieu se encargó de hacerla regresar, y con ello el asunto del duque de Buckingham estaba casi liquidado… Excepto, claro está, por los famosos herretes de diamantes, una historia con más fundamento del que podría parecer a simple vista, como narramos en su día en este artículo:

Los herretes de la reina
Marie dio a luz en el palacio de Hampton Court. Tuvo una hija a la que llamó Anne Marie y que fue religiosa, abadesa de Pont-aux-Dames. Solo daría hijas a su segundo esposo: otra de ellas, Henriette, nacería en 1631 y fue también religiosa, abadesa de Jouarre; y Charlotte, nacida en 1627, conocida como mademoiselle de Chevreuse.
Madame de Chevreuse siguió a la comitiva hasta Inglaterra, y allí el rey dispuso que se alojara en el castillo de Richmond. Buckingham la frecuentaba mucho; podía estar cinco o seis horas encerrado con ella cada día. Marie incluso pasó dos semanas en el hogar del duque sin la compañía de su marido. El obispo de Mende denunció esta situación a Richelieu. Éste se alarmó y quiso hacerla regresar de inmediato; sin embargo, como estaba encinta, el rey de Inglaterra se opuso a que emprendiera el viaje. ... (ver texto completo)
Enriqueta partió el 2 de junio a las cinco de la tarde, montada en una litera de terciopelo rojo y escoltada por arqueros a caballo. La corte la acompañaría en su ruta a través de suelo francés. No era, por tanto, el momento de la despedida para Ana de Austria; la aguardaban otras ocasiones de encontrarse con el duque, pero, aun así, el asunto jamás excedió los límites de una atracción platónica.
Por suerte para Ana de Austria, Buckingham sólo permaneció una semana en la corte, con lo que los enemigos de la reina tuvieron poca ocasión de arruinarla. Sin embargo, los gestos, las miradas entre ambos eran tan elocuentes que no fue difícil que Luis XIII y sus ministros fueran pronto informados de cuál era el tema de conversación favorito de sus cortesanos. Por consiguiente el rey decidió apresurar el regreso del duque a Inglaterra, y con él iría Enriqueta María rumbo a su destino.
Eso nos dice madame de Motteville, íntima amiga de la reina. Françoise Bertaut de Motteville era hija de una dama española que fue la secretaria personal de Ana de Austria. No dejó de serle absolutamente leal, a pesar de todas las intrigas de la Fronda. Su devoción fue inconmovible. Y ella nos dice eso. La reina le confió más tarde que le había hecho a Buckingham esta confesión: “que si una mujer honesta hubiera podido amar a otro hombre que no fuera su marido, él habría sido el único posible”.
La cuestión es que Ana de Austria, a pesar de esa alma bella y corazón puro, pareció conmovida al conocer al duque, sin que diera la impresión de ser capaz de calcular las consecuencias. “Por los consejos de madame de Chevreuse, la reina no había podido evitar, a pesar de la pureza de su alma, complacerse en esta pasión”.
Curiosamente, consta que venía intentando atraerse la buena voluntad de Ana desde mucho antes: hay al respecto una nota dirigida al duque de Chevreuse con fecha del 26 de abril de 1620 y que dice: “Me atrevo a suplicaros que os toméis la molestia de posar vuestros ojos sobre los 8 caballos de carroza que envío a la reina y que ordenéis que le sean presentados a la hora que estiméis, para que, acogido a vuestra autoridad, la culpa que merece esta osadía pueda verse paliada; es una protección que espero ... (ver texto completo)
Los intrigantes hablaron con el osado George Villiers, duque de Buckingham, al que encontraron con muy buena disposición de ánimo. Él ya había visto a la reina un par de años antes, cuando había acompañado a España al príncipe de Gales, quien se proponía en aquel tiempo concertar un matrimonio con la hermana menor de Ana de Austria. A George le había agradado la reina de Francia y, además, considerándose irresistible, no cruzaba por su mente la idea del fracaso.
A Marie se le había metido entre ceja y ceja que la reina debía dar un heredero a la Corona. Se consideraba obligada a ayudarla a resolver ese asunto, ya que en cierto modo había sido responsabilidad suya que Ana de Austria cayera en aquel corredor y tuviera un aborto. El problema era que, a raíz de aquel desdichado accidente, el enojo del rey era tremendo. La disposición de Luis XIII era tan nula y las relaciones con su esposa tan deplorables que había renunciado a intentar ser padre de nuevo. Chevrette ... (ver texto completo)
Fue con este hombre con el que Marie concibió la idea de organizar una intriga galante entre Ana de Austria y el duque de Buckingham. Madame de Motteville nos cuenta lo siguiente al respecto: “Madame de Chevreuse me ha dicho… que obligaba a la reina a pensar en Buckingham, hablándole siempre de él y quitándole los escrúpulos que ella tenía… Sin embargo, he oído decir a madame de Chevreuse, y con exclamaciones al respecto, que era cierto que la reina tenía el alma bella y el corazón bien puro, y que ... (ver texto completo)
Ana de Austria y el Duque de Buckingham

Ana de Austria

Madame de Chevreuse conoció a su primer verdadero amor por las fechas en las que Buckingham llegaba a Francia para escoltar a Enriqueta María hasta el que sería su reino. Marie había puesto sus ojos en uno de los embajadores ingleses, Henry Rich, conde de Holland, enviado para apresurar las negociaciones que culminaron en la boda de Enriqueta con el rey de Inglaterra. El embajador era joven, apuesto y elegante, y ella no resultó insensible ... (ver texto completo)
¿De cuál, de cuál de ellos fue ayer el cumpleaños, de Eufra7? Yo felicité a Castilleja, pero no recuerdo a quién más debía felicitar. Hazme algún comentario al respecto, Rosa. Un besillo para ti y para todos los de la foto.
Era del chavalito que está subido en andas, jejeje.

seguro que ese día quiso recordar la primera vez que lo subieron cuando era pequeño, jejejej.
Como son estos muchachos. un beso para ellos..
3030 con vosotros, espero muchos massssssssssssssssss.
Buén fín de semana, espero que sin nieve, jejejejjej.

Saludos. rs
Pero para romano extravagante, Virgilio con su mosca. El gobierno planeaba confiscar las tierras de los latifundistas y parcelarlas para entregarlas a veteranos de guerra, con excepción de aquellas tierras que contuvieran mausoleos. Para burlar la ley y poder acogerse a la excepción, Virgilio organizó un costosísimo funeral con plañideras, músicos, invitados célebres y lectura poética, una ceremonia con la que pretendía dar sepultura a la que, según él, había sido su amada mascota: una mosca, que ... (ver texto completo)
El eunuco le aclaró que se refería a la ciudad, que estaba siendo arrasada por el godo. Cuando el emperador supo que no se trataba de la gallina, exhaló un suspiro de alivio.
— ¡Pero si hace un momento estaba comiendo de mi mano! —se alarmó Honorio.
Procopio relata que el emperador Honorio tenía una gallina faraona a la que llamaba Roma. Cuando la ciudad fue saqueada por Alarico, el eunuco a cargo del gallinero imperial corrió a anunciarle el fin de Roma.
Dicen que la única criatura a la que Nerón amó fue su pantera Febea. La vio por primera vez en un combate de fieras en el coliseo, y quedó tan impresionado por su ferocidad que decidió perdonarle la vida y quedarse con ella como mascota. Hizo construir una jaula de oro en los terrenos de palacio, pero no permanecía encerrada todo el tiempo, sino que a veces la soltaba mientras tenía invitados a cenar. No se permitía que nadie mostrara disgusto ni incomodidad.
Craso no era, sin embargo, el único romano que amaba a estos animals. Vedio Pollión, amigo de Augusto, era famoso tanto por sus riquezas como por su crueldad para con sus esclavos. Tenía morenas como mascotas, y adornaba a algunas de ellas con joyas. Pero lo peor del caso es que las alimentaba con los esclavos que no hubieran cumplido bien su cometido. Cuentan que uno de sus peces vivió hasta la venerable edad de 60 años, algo que seguramente ninguno de sus esclavos llegó a conseguir.
— ¿Es verdad que tú no lloraste en los funerales de ninguna de tus tres esposas?
A lo que él replicó:
— ¿Es verdad que lloraste la muerte de tu pez?
Una de las mascotas más llamativas fue la de Licinio Craso, muy aficionado a las angulas. Este hombre, de quien Cicerón atestigua cuán grave y serio era, sentía un desmedido amor por uno de los peces de su estanque, una morena. Según Plinio el Viejo, fue su afición a estos animales lo que determinó que adoptara el apellido Murena. Llevaba a su pez engalanado con pendientes de piedras preciosas, y le daba de comer de su mano. Cuando su mascota murió, lloró con desconsuelo y le guardó luto como a una ... (ver texto completo)
Tiberio poseía una serpiente a la que alimentaba con su propia mano. Según Suetonio, un día, cuando iba a alimentarla, descubrió que había sido devorada por hormigas, algo que se interpretó como una advertencia de los dioses para que tuviera cuidado con el poder de las masas.
Augusto lanzó la moda de cuervos y periquitos que podían hablar, y solía pagar unas sumas enormes por esos pájaros. Los romanos pobres intentaban apoderarse de los cuervos y enseñarles unas cuantas palabras, esperando que el emperador los recompensaría generosamente. Y entre los acomodados, hubo un hombre que pagó lo que era el precio de un viñedo con sus esclavos por un ruiseñor blanco que quería regalar a Agripina, la hermana de Calígula.
Calígula, al igual que Británico, también poseía varios ruiseñores y un estornino que, según se decía, sabían hablar latín y griego.
Trajano también tenía un caballo que mantenía como mascota sin otra utilidad. No tomaba parte en las carreras ni hacía otra cosa que no fueran cabriolas y piruetas que le enseñaba
Al parecer, Calígula incluso planeaba otorgarle un consulado, pero no llegó a tener ocasión: un guardia de palacio, Casio, tuvo la impresión de que el emperador había llevado demasiado lejos su amor por un animal, y asesinó a Calígula.
La leyenda asegura que el joven emperador comía y dormía en los establos, junto al caballo, los días de las carreras. Se cuenta que en una de aquellas carreras, a pesar de todo, perdió Incitatus y que Calígula no pudo contenerse y mandó matar al osado auriga, pero diciéndole al verdugo aquello de "Mátalo lentamente para que se sienta morir".
Calígula tenía predilección por su caballo Incitatus, al que tenía en un establo de mármol y un pesebre de marfil con bebedero de oro. Según la tradición —cuestionada por los revisionistas—, el emperador hacía que lo cubrieran con mantas color púrpura, reservado a la familia imperial; lo adornaba con un collar de piedras preciosas y mantenía un equipo de 18 esclavos a su disposición. Incitatus era un magnífico caballo de carreras de origen hispano, lo que respondía al gusto del emperador por este ... (ver texto completo)
Los emperadores romanos fueron muy aficionados a los leones. Domiciano poseía uno, y el de Caracalla, llamado Acinaces, comía a su mesa y dormía con él. Valentiniano, en cambio, prefería tener dos osas enjauladas junto a su dormitorio. Se llamaban Inofensiva y Lentejuela Dorada, y dicen que las alimentaba con carne humana. La primera de ellas, en premio a sus méritos, pudo volver a sus bosques.
Aquellos romanos y sus raras mascotas

Julio César tenía una jirafa que trajo consigo de Alejandría en el año 46 a. C. y que exhibió para curiosidad de los romanos. Ellos, que aún no conocían tal clase de animal, la percibieron como una especie de cruce entre camello y leopardo, por lo que la llamaron “cameleopardo”.
Felicidades chaval, que pases buén día.
Besos. rs