Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Poco a poco fueron entrando por las estrechas calles del pueblo, Abdul se sentía muy contento.
Los chicos se separaron al llegar al pueblo, pero dijeron que esperaban verse pronto.
Las llevo a la almazara, para que las espriman y obtengamos aceite de oliva.
Pero esas aceitunas no se pueden comer?, Pregunto Abdul. No, se rió Hammed,
Sí, respondió Hammed, dormimos en una choza hecha de piedras y adobe. Cada día subiamos con escaleras para llegar a las aceitunas que estaban sobre los árboles, sacudiamos las ramas, y así las aceitunas maduras caen al suelo.
Las cestas que llevo en mi burro están llenas de aceitunas. Pasé tres días y tres noches en el huerto de olivos para poder recogerlas, dijo Hammed.

También las recogias por la noche?, preguntó Abdul, sorprendido.
Veo que tu también llevas una carga muy pesada.
Ese arbusto tiene un pequeño tallo por encima de la arena, pero tiene unas largas raices, bajan muy, muy profundas para buscar agua. Yo he desenterrado sus raices y las he cargado en mi camello.
Hay un pequeño arbusto en el desierto llamado Artemisa, dijo Abdul.
¿Cómo has encontrado esa leña en el desierto? Le pregunto Hammed, porque sabía que no hay árboles en el desierto.
Mi padre me dijo que si recogía leña podría ir al pueblo a venderla en el mercado.
¿Para que llevas ese costal de leña sobre tu camello?. Le pregunto Hammed.
Viajo con mis padres y nuestras cabras de oasis en oasis por el desierto. Aquí es como encontramos con hierba y agua para los animales.
Nuestra tienda está hecha de piel de cabra. No vivimos en el mismo lugar durante todo el año.
Yo vivo en una tienda de campaña en el desierto, dijo Abdul.
Vivo en una pequeña casa blanca plaza del pueblo, dijo Hammed.

Y tú, donde vives?
– El niño, cuyo nombre era Hammed, respondió que si, que le haría muy feliz.

¿Tu vives en el pueblo?, le pregunto Abdul. Sí, dijo Hammed.

Así Hammed y Abdul, con su burro y su camello partieron hacia el pueblo.
Abdul le dijo:

¿Tienes calor y sed? quieres un poco de agua?
Qúe Ala guarde tu salud. (Esta es la forma en que los árabes inician una conversación.)
Que Dios te proteja.

Abdul respondió:
Cuando vio al niño

Abdul dijo:
Mientras Abdul estaba sentado, descansando en la arena, un niño apareció con un burro.
¿Alguna vez haz visto la joroba de un camello?
Es por eso que los humanos usamos los camellos para que nos ayuden en el desierto.
El camello miró por el rabillo de sus grandes ojos soñolientos a Abdul. Su labio inferior parecía grande sonrisa. También sentía mucho calor, pero él no tenía necesidad de beber. Tiene suficiente agua en sus jorobas para seis días. Esas jorobas están en la parte superior de su cuerpo. Cuando tiene sed las bolsas se vacían en el estómago.
Su cara graciosa después de su largo cuello se iba balanceando. Descalzo Abdul iba golpeando suavemente la arena. Iba vestido con un abrigo largo de lana, se llama chilaba. Cuando el sol estaba alto en el cielo, Abdul comenzó a sentir calor, se puso su capucha sobre la cabeza, para protegerse del sol. Pronto sintió sed y cansancio, así que se sentó descansar. Dio unos sorbos de agua del interior de su piel de cabra.
El camello iba caminando lentamente por la arena, pataclop, pataclop.
Si visitaramos Arabia, veríamos que allí no nieva. No veríamos grandes edificios, ni tampoco veríamos campos verdes. No veríamos muchos ríos. En Arabia veríamos mucha arena y colinas rocosas. Abdul vive entre las arenas de Arabia. Se despertó de su primer viaje en solitario hasta el pueblo más cercano. Estaba tan feliz! Muy temprano inició el camino. Se ató las riendas alrededor del cuello de su camello.
Abdul de Arabia

Abdul es un niño que vive en Arabia. Arabia Saudita es un país de Asia lejana.
Tras contar este fantástico relato, el viejo guerrero se sentó, arrebujándose en su manta. Mientras se apagaba el resplandor de la hoguera, estuvo sentado, callado como la propia tierra, mirando hacia la oscuridad. En la distancia, se pudo escuchar el grito del Coyote que resonó por toda la pradera.
Coyote sopló en la nariz del modelo de Hombre que había hecho. Y cuando los demás animales se despertaron, descubrieron que había un animal nuevo en el bosque. Era el Hombre.
El Sol se puso antes de que ninguno hubiera terminado su modelo. Se echaron sobre la tierra, en el bosque. Todos dormían, excepto Coyote, que trajo agua del río y la echó sobre todos los otros modelos. La cola de barro del castor se cayó. La cornamenta de barro que había hecho el ciervo también, y lo mismo sucedió con las alas de barro de la lechuza.
Así fue como todos los animales salieron corriendo a buscar agua para hacer barro. La lechuza hizo un modelo con alas. El ciervo hizo uno con orejas muy grandes y unos ojos inmensos. El castor modeló un animal con una cola ancha y plana. El ratón hizo un modelo muy pequeño. Pero Coyote hizo al Hombre.
-Bueno -dijo Coyote, paciente- Hagamos un concurso. Cada uno de nosotros hará un modelo de Hombre en barro. Mañana veremos todos los modelos y decidiremos cuál es el mejor.
- ¡Siéntate, Coyote! ¡No nos gustan tus tonterías!
Se oyeron muchos gruñidos y silbidos airados, y los animales gritaron:
-Bueno, sí, gracias -dijo Coyote-. Como yo.
-Como tú -mascullaron todos los animales.
-El oso tenía razón cuando dijo que el Hombre tenía que andar sobre las patas traseras. Eso significa que podrá alcanzar los árboles. El ciervo estaba en lo cierto al decir que el Hombre debía tener buen oído y buena vista. Pero si el Hombre tuviera alas, como propuso la lechuza, se daría de cabeza contra el cielo. La única parte de pájaro que necesita son las largas garras del águila. Creo que las llamaré dedos. Y el león acertó al decir que el Hombre tenía que tener una voz muy fuerte, pero al ... (ver texto completo)
Los animales lo miraron; algunos gruñeron. Pero Coyote se dirigió a todos por igual.
-Creo que tengo la solución -dijo al fin Coyote.
Después de la pelea los animales quedaron tumbados en el suelo, sin fuerzas para seguir luchando.
Coyote los recogió y, juntándolos, hizo toda clase de animales nuevos y raros, como el camello y la jirafa.
Nadie escuchó al ratón. Estaban todos demasiado ocupados peleándose. Se mordían, se arañaban y se embestían: los animales luchaban en el bosque mientras Coyote se mantenía apartado, con el ceño fruncido. Volaban los pelos, las plumas, las pezuñas y los cuernos.
- ¡Y muy pequeño! -chilló el ratón.
- ¡Que ruja! -rugió el león.
- ¡Y cuernos! -baló el carnero.
- ¡Y alas! – gritó la lechuza.
- ¡Pero con cola! -gritó el castor.
- ¿Entonces, cómo podrían distinguirnos? -respondió Coyote- Me señalarían diciendo: “Ahí va el Hombre”. Y señalando al Hombre dirían: “Ahí va Coyote”, No, no, no, no. El Hombre tiene que ser distinto.