Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

La doncella Elfa

Hasta los hombres más buenos pueden corromperse ante el poder de sentimientos como el amor. Qué tragedia el ver a uno consumido por el odio a su semejante. En esta tesitura se encontraba uno de nuestros protagonistas, quien había encontrado en su compañero rivalidad por la mujer a la que amaba. Y es que ambos habían quedado hechizados por su embrujo, se habían enamorado de la misma doncella.
MIlagros, aniar puede ser igual que anidar, jejejje con toque andaluzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.
Que lo cuente ella.
hay milagro como se nota que te has criado en el campo que bien conoces los Cucos y además los has visto en las paredes
aniar
Creo que este visitante se ha confundido un poco.
La bruja Marisol perseguida por todos los utensilios encantados por el siniestro humo, corrió huyendo por el campo.
A golpe de cuchara y cazo, la sacaron de la casa.
Todos golpeaban a la pequeña bruja y al búho por meterse a enredar con pociones y hechizos.
Todos los cacharros de la cocina salieron de sus armarios y estantes y se dedicaron a ponerlo todo patas arriba, montando un gran escándalo.
la cafetera y la taza también empezaron a volar y a mirarla de una manera amenazante.

Y es que el humo que expulsaba la olla daba vida a los objetos que tocaba y los dotaba de un carácter de enfado, rabioso, malo y con muy mal genio.
Estaba Marisol encantada, venga a remover la poción que tenía en el caldero cuando, de repente, a una cuchara le aparecieron ojos y boca, se puso a volar por el aire y miró a la bruja Marisol con cara de enfado.
Por la chimenea de la casa de la bruja Marisol, empezó a salir un humo espeso con ojos y boca con un gesto que aterraba.
-Bueno –se dijo Marisol -. Ya lo tengo todo, hasta un gato y un búho. Ahora, ¡a cocer la poción que transformara las cabezas de todos los niños del colegio en criaturas repelentes!
Finalmente, buscando en un viejo baúl encontró un traje de bruja piruja.
-Vosotros no tenéis porque tenerme miedo -les dijo a unos ratoncillos que vivían con ella -. Pero tened cuidado con esas hiervas que son venenosas.
Después de leerse muchos libros, consiguió una olla grande donde fabricar sus pócimas y hechizos y para ello busco ingredientes como sapos, lagartos, alacranes, e incluso plantas mágicas como el acónito y la mandrágora.
La brujita mala

Un buen día, una niña llamada Marisol decidió hechizos y pócimas para vengarse de sus compañeros y su maestra de clase.
Tan pronto la bobina terminó de hablar, el débil anciano se desplomó en el suelo con lágrimas en los ojos. Mirando hacia la ventana, dedicó los últimos instantes de su vida a contemplar las aves que revoloteaban en el cielo.
– Te advertí que tuvieses cuidado – dijo entonces la bobina – Has perdido tu tiempo miserablemente sin disfrutar la vida y ahora no puedes volver atrás. En pocos minutos morirás sin haberle sacado provecho a tu existencia.
Un sentimiento de angustia invadió al rey convertido en anciano y cuando quiso devolver el hilo a la bobina se dio cuenta que ya era demasiado tarde.
Al mirarse en el espejo, el rey descubrió que su aspecto había cambiado enormemente. Ya no tenía corona ni barba. Sus ojos se habían apagado y su piel estaba arrugada y huesuda. Sin duda, había pasado mucho tiempo, y en la bobina el hilo se había desenrollado por completo.
Con el mismo entusiasmo de antes, el rey desenrolló el hilo, una y otra vez hasta que notó que el tiempo había pasado de un golpe. La bella reina se había convertido en una anciana de pelo blanco como la Luna y sus hermosos hijos eran ahora jóvenes apuestos y grandes como lo fue él.
– ¡Qué mujer más hermosa tengo como reina! – clamó el rey llevándose las manos a la cabeza – pero mis hijos aún son muy pequeños. Quisiera saber cómo serán de grandes y cuál de ellos será mi sucesor.
Y una vez más, se acercó a la bobina y desenrolló el hilo dorado. En cuestión de segundos, apareció junto al rey una hermosa mujer. ¡Era su reina! Pero eso no era todo, pues el rey también pudo ver como correteaban y saltaban por la habitación cinco hermosos pequeñines.
– Ahora que soy todo un rey, quisiera saber si algún día tendré una bella reina a mi lado. ¿Y mis hijos? ¿Tendré hijos? No puedo esperar para saberlo.
Qué emocionado estaba el nuevo rey. Sin duda alguna la bobina había dicho la verdad, y ahora podía controlar el tiempo a su antojo.
– ¡Por fin! – exclamó agitando los brazos – Ahora soy el dueño del reino.
Nuevamente, el joven se asomó al espejo, pero su aspecto había cambiado por completo. Ahora era un señor obeso y con trajes elegantes, tenía una barba tan larga como negra y lo mejor de todo, sobre su cabeza aparecía una enorme corona de oro reluciente.
– Entonces, ¿Es cierto? – chilló el príncipe y corrió de vuelta hacia la bobina para tirar del hilo una vez más.
Sin embargo, cerca de la puerta existía un espejo enorme que el príncipe utilizaba para mirarse cada mañana. Al asomarse en él, descubrió que ya no era aquel muchacho pequeño de cachetes rosados, sino que frente al espejo aparecía ahora un joven maduro y de gran tamaño.
– ¡Ha sido todo un engaño! – gritó decepcionado y apartando la bobina se dispuso a salir de su alcoba.
Al oír las palabras de la bobina, el príncipe quedó asustado y confundido, así que decidió tirar del hilo solo un poco para ver qué pasaba. Segundos después, y como vio que nada había cambiado, el muchacho tiró un poco más del hilo, y un poco más, y un poco más…
– Hola muchacho. Soy una bobina de oro encantada y este hilo que ves aquí representa cada uno de los días de tu vida. Debes tener mucho cuidado, pues a partir de ahora podrás desenrollar el hilo tanto como quieras, pero nunca, nunca más podrás volver a enrollarlo y los días que hayas vivido, jamás volverán.
Todas las mañanas se levantaba el chicuelo lamentándose de su vida tan aburrida, hasta que un buen día, apareció sobre su cama una bobina de oro. Con curiosidad, el príncipe la puso sobre sus piernas, y fue entonces cuando se llevó un buen susto, pues la bobina era mágica y podía hablar.
– ¡Qué vida tan aburrida! – se quejaba el príncipe sentado en su inmensa mecedora – No soporto esto de ser un príncipe. Quiero crecer ya y convertirme en rey para hacer todo cuanto quiera.
Nada le interesaba a este príncipe holgazán, ni estudiar, ni hacerle caso a sus padres, y cuando le ordenaban hacer algo, protestaba con arrebatos hasta que se alejaba a su habitación para quedarse nuevamente observando a las aves en el cielo.
La bobina de hilo de oro mágica

Cuenta la leyenda de un reino lejano donde vivía un rey muy sabio y bondadoso. De los tres hijos que tenía el monarca, el más pequeño se la pasaba todo el día sentado en su alcoba contemplando el revoloteo de los pájaros. A veces, también ocupaba las horas correteando por el palacio detrás de las ranas.
Desde el mar y hasta donde le alcanzaba la vista podía ver a todo el pueblo de Liliput, con el rey a la cabeza, que le despedían agitando los brazos y con lágrimas en los ojos. Eran amigos para siempre.
Cuando estuvo terminado, Gulliver se despidió de todo el mundo y, después de izar la vela, se hizo a la mar.
Una vez termina la batalla, gulliver volvió tan contento a las playas de Liliput.
Allí le recibió todo el pueblo, que le aclamó como a un héroe, poniéndole collares de flores y vitoreándole. Como recompensa, el rey mandó que todo el pueblo se pusiera a construir un barco para el joven héroe.
Viendo el peligro, los enanitos bandidos huyeron agarrados a lo que quedaba de los barcos volcados.
Se metió en el mar, cogió un barco pirata con cada mano y los volvió del revés mandando a los ladrones al agua.
Gulliver aceptó.
-Este país se llama Liliput y yo soy el rey –dijo un enanito vestido de verde que llevaba una corona de oro-. Voy a hacerte una proposición.
Si nos ayudas en las guerras contra los piratas, que no nos dejan en paz y nos roban todo, te dejaré libre.
Quiso ponerse en pie y, de repente, se le echaron encima cientos de enanitos que en un momento le ataron con un montón de cuerdas finitas.
Al amanecer del tercer día vio lleno de asombro un pueblecito con casitas pequeñísimas. Todo en ese pueblo era diminuto: las casas, los árboles, los caballos, los carros… Todo era tan pequeño que parecía un pueblo de juguete. Se quedo arrodillado en el agua, encantado con aquella preciosidad.
Pasaron dos días y dos noches. Gulliver ya no podía luchar más contra las olas, así que se dejó arrastrar por ellas…
A los días de navegación, una gran ola hizo naufragar el barco y Gulliver se encontró solo en medio del agua.
Era alto y fuerte; se pasaba el día comiendo, por eso crecía tan sano. Una tarde en el puerto hablo con el capitán de un gran velero mercante y se hizo a la mar.
Gulliver en Liliput

Gulliver siempre estaba pensando en correr aventuras.
Era huérfano y trabajaba en una herrería.
- ¡Oh, cielos! –dijo llorando-. ¿Por qué se me habrá ocurrido ponerme a descubrir pociones mágicas? Yo solo quería que todo el mudo fuera alto, fuerte y guapo.

- ¡Estoy arrepentido!

Y entonces el encantamiento desapareció y el joven mago pudo salir del jarrón en el que lo habían encerrado.

Fin
Todo ocurrió por una venganza de los ratones, quienes indignados por lo que el joven había hecho a su amigo, consiguieron que un mago les hiciera una pócima para reducirá los niños malos.