Al llegar a su humilde choza sacó el huevo dorado. « ¡Tic-tac!», sonaba como si fuese un valioso
reloj de oro, y, sin embargo, era un huevo que encerraba una vida. Se rompió la cáscara, y asomó la cabeza un minúsculo cisne, cubierto de plumas, que parecían de oro puro. Llevaba cuatro anillos alrededor del cuello, y como la pobre mujer tenía justamente cuatro hijos varones, tres en
casa y el que había llevado consigo al bosque solitario, comprendió enseguida que había un anillo para cada hijo, y en
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