- ¡Madre, tráigame el hacha en seguida, que me persigue el
gigante!
Acudió la madre con el hacha, y Periquín, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Periquín y su madre vivieron
felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.