Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Cuando el rey supo lo ocurrido, decidió que todo el pueblo debía participar en la búsqueda del príncipe. Así, durante tres días, todo el mundo se dedicó a buscar al hijo del rey, sin éxito alguno.
En el camino de vuelta se encontraron envueltos en una niebla muy espesa y, sin darse cuenta, el hijo del rey se separó de sus acompañantes. Los hombres de la guardia real lo buscaron durante muchas horas, pero no lo encontraron y tuvieron que regresar sin él.
Las camas voladoras. Cuento islandés.

Había una vez un rey y una reina que tenían un hijo llamado Hlini, un muchacho fuerte y juicioso. En una cabaña cercana al palacio real vivía una pareja de ancianos que tenían una hija llamada Signy.
Un buen día, el hijo del rey fue al bosque de cacería, acompañado de sus hombres. Cuando hubieron capturado suficientes pájaros y otros animales, iniciaron el retorno al palacio.
-Ya lo creo que estaba –respondió divertido el muchacho.
- ¡Anda que debía de estar el diablo dentro de esa nuez! –dijo el herrero.
Entonces la nuez se hizo pedazos. El yunque se partió por la mitad y se escuchó un estruendo tan grande como si hubiese estallado toda la herrería.
Y exclamó:
- ¡A ver si logro cascarte!
Puso la nuez sobre el yunque y le dio un martillazo, pero la nuez no se rompió. Entonces cogió un martillo más grande, pero aquél tampoco era lo bastante fuerte. Escogió otro más grande, pero tampoco le sirvió de nada. Entonces, el herrero perdió la paciencia y la golpeó con todas sus fuerzas.
Después de haber andado un buen trecho, llegó a una fragua, entró y le pidió al herrero que hiciese el favor de partirle aquella nuez.
-Sí, desde luego, no me costará mucho trabajo –respondió el herrero cogiendo el más pequeño de sus martillos.
El diablo hizo lo que le pedía el jovenzuelo. Pero en cuanto se hubo introducido por el agujero hecho por un gusano, el muchacho lo tapó metiendo dentro un palito.
- ¡Ahora ya no te escapas! –exclamó metiéndose la nuez en el bolsillo.
- ¿Es verdad eso que dicen de que el diablo puede hacerse tan pequeño como quiera y pasar a través del agujero de una aguja? –le preguntó el muchacho.
-Es verdad –respondió el diablo.
-A ver, demuéstramelo y métete dentro de esta nuez –propuso el muchacho.
El muchacho y el diablo. Cuento danés.

Había una vez un muchacho que caminaba por un sendero cascando nueces. Acababa de cascar una cuando se encontró con el diablo.
El tonto del lobo hizo lo que le pedía la raposa y el cepo chasqueó y le apresó el hocico.
La raposa y la oveja aprovecharon la ocasión y escaparon a todo correr.
La raposa había observado que unos campesinos habían puesto un cepo en una trocha, se acercó allí con el lobo y le dijo:
- ¡Anda, besa aquí!
La raposa lo oyó y dijo:
- ¿Dices que es tuyo, compadre?
-Sí, es mío –replicó el lobo.
- ¿Pondrías a Dios por testigo? –preguntó la raposa.
- ¡Sin titubear! –respondió el lobo.
- ¿Lo jurarías? –insistió la raposa.
- ¡Sí! –respondió el lobo casi gritando.
-Bien, ven conmigo a prestar juramento –ordenó la raposa.
Luego le contaron sus penas al lobo, y éste les dijo:
-Cuando la loba degüella a un cordero, me echan a mí las culpas. Huyamos juntos.
Y huyeron todos juntos.
Durante el viaje, el lobo le dijo a la oveja:
Dime, comadre, ¿no llevas puesto mi abrigo?
Al cabo de cierto tiempo, las viajeras se toparon con un lobo.
- ¡Muy buenas, comadres! –las saludó el lobo.
- ¡Muy buenas! –respondieron ambas.
- ¿Vais muy lejos? –les preguntó el lobo.
-A donde nos lleven las patas –contestaron.
- ¿A dónde te lleva el Señor, comadre?
- ¡Ay comadre! Vivía en el rebaño de un labriego, pero la vida se me hizo allí insoportable: me echaban la culpa de todas las barrabasadas que hacía el borrego. Por eso decidí huir hasta donde mis patas me llevasen –explicó la oveja.
-Lo mismo te digo –contó la raposa-. Si mi marido roba una gallina, me echan las culpas a mí. Huyamos juntas.
La oveja, la raposa y el lobo. Cuento noruego.

Una oveja se escapó del rebaño. Una raposa que corría en dirección contraria, se detuvo y le preguntó:
En fin, desde entonces van y vienen los dos de una punta a otra del pantano, pero no se casan ni a la de tres.
La grulla, por su parte, se puso a meditar después de lo sucedido y se dijo: “ ¿Por qué lo rechacé? ¿Qué tiene de bueno vivir sola? Será mejor que me case con el airón”.
La grulla se dirigió a la casa del airón, pero de nuevo se vio rechazada.
El airón meditó sobre lo que había ocurrido y se dijo: “Hice mal en rechazar a la grulla; solo, me siento muy aburrido. Iré a buscarla y me casaré con ella”.
El airón fue a casa de la grulla y le dijo:
-Oye, grulla, he decidido casarme contigo. Por favor, acepta.
-No, airón, no te quiero por marido –respondió la grulla.
El airón regresó a su casa.
La grulla meditó sobre lo ocurrido, y finalmente se dijo: “Me casaré co el airón, siempre es mejor que estar sola”.
Fue a casa del airón y le pidió:
-Airón, cásate conmigo.
-No, grulla, no te necesito. No quiero casarme contigo, no quiero que seas mi esposa. ¡Lárgate! –respondió el airón.
La grulla rompió a llorar de vergüenza y volvió sobre sus pasos.
- ¿Está en casa la grulla?
-Aquí estoy –respondió la grulla.
-Cásate conmigo –le dijo el airón.
-No, airón, no quiero casarme contigo, tienes las patas feas, el traje corto, vuelas mal y, además no sé con qué podría alimentarte. ¡Vete de aquí, pasilargo! –dijo la grulla.
El pobre airón tuvo que marcharse tal como había llegado.
Vivían en un pantano un airón y una grulla, cada uno en su casita, en extremos opuestos de la marisma. El airón se aburría estando solo y concibió el propósito de casarse, y se dijo: “Pediré a la grulla en matrimonio” El airón se puso en camino, cubrió paso a paso las siete leguas de pantano, llegó al término de su viaje y preguntó:
El airón y la grulla. Cuento lituano.

Contaré, para empezar, que volaba la lechuza y en un árbol se posó, luego la cola movió, y de nuevo echó a volar, para volverse a posar,…
Y ahora, con mucho tiento, demos comienzo el cuento.
El zorro, con la boca hecha agua, aflojó a su presa, y el astuto gallo voló rápidamente a lo alto de un roble, poniéndose a salvo de su glotón amigo.
Ay, rapos –dijo el gallo-, qué dulces son tus palabras! Mira que pronto nuestro rey dará un gran banquete. Aprovecharé la ocasión para pedirle que te pongan a cargo de los preparativos. Así podremos tú y yo comer cuanto queramos, y además ganaremos buena fama.
- ¡Ahora verás lo que es bueno! Tendrás que responder por todo, recordarás repugnante calaverón, todas tus maldades. Recuerda que una oscura noche de otoño me arrastré a tu gallinero con la idea de echar la zarpa a una gallinita, pues llevaba tres días sin probar bocado, pero tú te pusiste a agitar las alas y a patalear, y despertaste a todo el mundo.
-Deseo tu bien, Cantaclaro. Tienes, amigo, cincuenta gallinas y no te has confesado ni una sola vez. Ven aquí, arrepiéntete, y te libraré de todos tus pecados sin burlarme de ti.
El gallo fue bajando de rama en rama hasta que terminó en las zarpas del zorro, que le dijo:
El zorro continuó con su discurso:
El gallo no contestó al saludo, pero pensó: “ ¿Qué demonios lo habrá traído por aquí?”
-Buenos días, Cantaclaro.
Aburrido de esperar, el zorro quiso hacer que el gallo bajara del árbol. Tras mucho pensar, se le ocurrió un ardid. Se acercó al árbol y saludó:
Un día, al gallo se le ocurrió dar un paseo por el bosque, donde hacía tiempo que lo acechaba el zorro, que se había ocultado detrás de un arbusto esperando a que pasara su víctima. Pero el gallo, ajeno a la amenaza, vio un árbol seco, voló hasta él y se instaló a descansar en una de sus ramas.
Se disponía a apresar a una de las gallinas, pero en eso llegó la hora de que cantara el gallo, que de pronto sacudió las alas, pataleó y lanzó al viento su sonoro quiquiriquí.
El zorro, asustado, se cayó al suelo y estuvo tres semanas con fiebre, hasta que se recuperó del accidente en el gallinero.
El zorro confesor. Cuento búlgaro.

En cierta ocasión, un zorro se pasó toda una larga noche de otoño correteando por el bosque, sin probar bocado. Al amanecer llegó a una aldea, se metió en el patio de un labriego y se dirigió al gallinero.
-Daré a los hombres piernas largas para que cuando pesquen en las marismas anden como los flamencos, les daré brazos largos para que manejen una azada tal como los monos manejan un palo, les daré boca para comer mijo y lengua para cantar, y les daré ojos para ver lo que comen y orejas para oír las canciones.
Juok se dijo:
Los primeros hombres. Cuento shilluk -África.

Juok, el dios supremo, viajó al norte y allí encontró arcilla blanca con la que modeló a los europeos, a los árabes los hizo con arcilla rojiza, y a los africanos con barro negro.
Echó el oso, al oir ésto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:
Estaba el cerdo presente,
y dijo: “ ¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá”.
“Yo creo -replicó el oso-,
que me haces poco favor.
¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?”
Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: “ ¿Qué tal?”.
Era perita la mona,
y respondióle: “Muy mal”.
El elogio de los necios

El oso, la mona y el cerdo

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos piés.
Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.
¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo.
Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños;
Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regozijaron con un banquete.
El águila y la zorra. Fábula de Exopo

Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol.