Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

La diosa Atenea, viendo su desesperación y con la intención de ayudarlo le entregó un címbalo, luego le dijo: - ¡Sacúdelo!
Heracles no podía atravesar el pantano nadando porque estaba lleno de barro y tampoco podía caminar sobre él porque se hundía en el barro por su propio peso.
Estos Pájaros tenían el pico y las patas de bronces y sus plumas exteriores eran como dardos de acero. Destrozaban todas las cosechas y comían carne de humanos y rebaños. Eran el terror de la región.
Mas tarde, los condujo con la ayuda de sus amigos hasta el palacio de Euristeo.
Heracles se embarcó a Tracia con un grupo de amigos.
HERACLES Y LOS CABALLOS DE DIOMEDES
Euristeo, le encargó otra difícil tarea a Heracles. Esta vez debía traerle los caballos de Diomedes.
Hércules emprendió el camino de regreso llevando consigo los rebaños de Gerión. El camino fue fatigoso y perdió algunos bueyes.
HERACLES Y LOS BUEYES DE GERIÓN
Décimo trabajo de Hércules. Esta vez debía buscar al gigante Gerión, darle muerte y robarle sus ganados. Gerión era un gigante de tres cuerpos unidos por el vientre. Tenía al cuidado de su gran rebaño a un perro de dos cabezas hermano del Can Cerbero, el guardián de los infiernos. Cuando llegó le salió al encuentro el perro de dos cabezas al que Hércules abatió a mazazos. Después salió el gigante Gerión al que Hércules abatió con certeros flechazos.
Heracles le quitó el cinturón y pudo volver ante Euristeo con el encargo cumplido.
Rea, la esposa de Zeus, que siempre estaba atenta tratando de perjudicar a Heracles por ser hijo ilegítimo de su marido, se disfrazó de amazona y comenzó a sembrar sospechas entre las amazonas diciéndoles:
Hipólita le respondió:
-Yo misma te lo obsequiaré con mis respetos para el rey.
El rey Euristeo me encargó que le lleve tu cinturón, ya que su hija Admeta, desea tenerlo.
Al llegar, Heracles pudo comprobar que las amazonas conformaban un pueblo de guerreras. Todas ellas sabían combatir a caballo y eran diestras en el uso de las armas.
Lo más difícil era encontrarlo, ya que la temible bestia se escondía muy bien, y sólo salía de su escondite para sembrar el pánico entre los habitantes de Arcadia.
El animal, sintiendo que estaba dominado se tranquilizó y lo siguió como un manso cachorrito.
Hércules, se cubrió con la piel del león de Nemea que hacía las veces de escudo protector, luego tomó al can por el cuello de donde confluían las tres cabezas y aunque el perro logró morderlo con sus afilados colmillos, Hércules lo apretó con tal fuerza que casi lo asfixia.
Hades le respondió: Puedes llevarte a Cerbero a plena luz del día. Pero con una sola condición. No debes usar armas contra él.
Hércules, entonces descendió en compañía de Hermes al abismo de los muertos.
Llego hasta el mismo trono de Hades, el dios de las tinieblas y le explicó el motivo de su visita.
El gigante no se dio cuenta del engaño y cargó nuevamente sobre sus espaldas todo el peso de la bóveda celeste.
Heracles, tomó las manzanas de oro y salió corriendo hasta llegar ante Euristeo.
-Me parece bien -dijo-, pero antes, permíteme buscar algo que sirva de almohadilla y me acomode el cabello para que amortigüe el peso de tanta carga. Sostenme unos minutos el cielo hasta que resuelva este problema.
Atlas aceptó porque ya estaba cansado de tener tanto peso sobre sus hombros. Entró al jardín y arrancó los frutos dorados, pero al regresar le dijo a Heracles que quería ir en persona a entregar el preciado botín a Euristeo.
Heracles tuvo que pensar rápidamente una respuesta
Heracles conocía bien la existencia del temible dragón Ladón. Entonces le propuso al gigante que si iba en busca de las manzanas de oro, él sostendría el firmamento en su lugar.
Para llegar, Heracles tuvo que atravesar África. Caminó y caminó hasta llegar al punto más alejado del mundo occidental y allí vio las puertas del jardín.
También vio a Atlas, un gigante enorme que en su destierro fue obligado a cargar sobre sus espaldas el peso de la bóveda celeste.
Heracles palabra. Heracles lo encadenó y Nereo que era un dios, se transformó en león, luego en serpiente y más tarde en llamas. Pero Heracles se mantuvo firme sin asustarse y Nereo finalmente confesó el sitio secreto del famoso jardín.
Primero Heracles fue a visitar unas Ninfas para que lo orientaran, pero las Ninfas le dijeron que tenía que buscar al dios Nereo, ya que era el único que conocía la ubicación precisa.
El recorrido que hizo Heracles para llegar al misterioso jardín es muy complicado ya que nadie conocía bien su ubicación.
HERACLES EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES
Euristeo, esta vez le encargó a Heracles que le trajera las manzanas de oro, que la diosa Gea le había regalado a Hera como regalo de casamiento y, que Hera, había plantado en un jardín lejano de occidente custodiado por las Ninfas de la tarde, conocidas como Hespérides y un dragón de cien cabezas llamado Ladón.
El hijo del rey y Signy vivieron felices durante muchos años.
El rey estuvo de acuerdo y ordenó sin demora que se preparara una gran celebración de boda, a la que fueron invitados todos los habitantes del reino.
Los festejos duraron una semana completa y todos elogiaron al rey por los hermosos regalos que entregó a la joven pareja.
La muchacha volvió a la cabaña y después regresó al palacio con Hlini. El rey recibió a su hijo con gran alegría y le pidió que se sentara junto a él, en el sitio de honor.
Hlini quiso que Signy lo acompañara y le explicó a su padre todo lo sucedido durante su ausencia. Luego le pidió al rey su consentimiento para tomar a Signy como esposa.
A la mañana siguiente, bien temprano, Signy se encaminó al palacio real y una vez allí le preguntó al rey cuál sería su recompensa si le llevaba a su hijo sano y salvo. El rey le respondió que no creía que fuera capaz de conseguirlo, pero que si lo lograba la recompensaría, tal como había prometido.
Cuando llegaron a la cabaña fueron muy bien recibidos por los padres de la muchacha y se quedaron a pasar la noche.
Viaja, viaja, cama mía,
viaja hacia la cabaña de Signy.
Signy y Hlini bajaron del árbol y regresaron juntos a la cueva. Una vez allí, cargaron las camas con el oro y las demás riquezas de las brujas. Luego, cada uno se sentó en una cama y Hlini dijo:
La cama comenzó a volar y de pronto se detuvo junto a un roble. Signy le dijo a Hlini que subiese al árbol, y ella se apresuró a s vez a secundarlo rápidamente. Poco después sintieron una carcajada y vieron que las dos mujeres trol estaban sentadas debajo del árbol. Una de ellas le lanzó un huevo a la otra, pero en el mismo instante el hijo del rey arrojó su lanza, que tocó el huevo y lo rompió. Las mujeres trol cayeron muertas en el acto.
Viaja, viaja, cama mía,
viaja hacia donde yo quiera.
Hlini le dijo que estaba muy contento de que le hubiera explicado todo aquello y luego le pidió que le dejara descansar. A la mañana siguiente, las mujeres trol volvieron a marcharse. Signy aprovechó para despertarlo enseguida. Le dijo que cogiera su lanza, y luego los dos se subieron a la cama y la muchacha dijo:
También le explicó que en el bosque capturaban pájaros y otros animales, y que cuando se cansaban se tiraban huevos de la vida la una a la otra. Pero al hacerlo tenían que ir con mucho cuidado, pues si uno de los huevos se quebraba morirían las dos.
Cuando se hizo de noche, ella lo hizo dormir y luego se escondió detrás de la puerta.
Las mujeres trol no tardaron mucho en volver, caminando de manera muy lenta y cansada. Una vez en la cueva, encendieron un fuego para asar unos cuantos pájaros. A continuación, la más joven despertó a Hlini,, o invitó a cenar y luego le preguntó si quería casarse con ella. El muchacho le contestó que sí, pero que antes tenía que explicarle qué significaban las runas grabadas en la cama.
La mujer le contestó:
Hlini consideró que se trataba de un buen consejo y aceptó la sugerencia de Signy. Pasaron el resto del día jugando al ajedrez y hablando.
Cuando consideró que ya se encontraban lejos de allí, Signy, con mucho cuidado, se acercó hasta la cama del príncipe y lo despertó del mismo modo que lo habían hecho las mujeres trol.
La muchacha le explicó quién era y le pidió que dijera a la mujer trol que se casaría con ella solamente si le explicaba qué querían decir las runas que estaban grabadas en la cama y, también, lo que hacían durante todo el día en el bosque.
A la mañana siguiente, las mujeres se despertaron, espabilaron luego al príncipe y le repitieron las mismas preguntas. El muchacho respondió una vez más de forma negativa y ellas hicieron que se volviera a dormir. Luego se marcharon de la cueva.
Los cisnes se pusieron a cantar hasta que el muchacho se volvió a dormir. Entonces, las dos mujeres trol también se fueron a dormir.
¡Cantad, cantad, cisnes míos,
que así el príncipe se dormirá!
A continuación, se escuchó el mágico canto de unos cisnes y Hlini se despertó. La más joven de las mujeres trol le preguntó si quería comer algo y si se quería casar con ella. El muchacho le contestó que no, y entonces ella se puso a gritar:
¡Cantad, cantad, cisnes míos,
que así el príncipe se despertará!
Una de ellas dijo:
- ¡Por mil demonios! ¡Qué olor a hombre hace nuestra habitación!
Y la otra mujer le explicó que era Hlini el que despedía aquel olor.
Enseguida las mujeres se acercaron hasta la cama donde dormía el príncipe y comenzaron a cantar:
Entonces, vio que alguien dormía en la que tenía la manta de oro. Era Hlini, el hijo del rey, tan profundamente dormido que la muchacha no pudo despertarlo. Observó que en la cama había unas runas grabadas, pero ella no entendía aquellas inscripciones.
Signy, muerta de miedo, se escondió detrás de una puerta que había a la entrada de la cueva. En esas, sintió un ruido procedente del exterior y, acto seguido, vio entrar a dos mujeres trol.
Signy, que había oído hablar de la desaparición del hijo del rey, decidió buscarlo por su cuenta. Les pidió a sus padres que le regalaran unos zapatos nuevos y alimento para algunos días. Cuando le dieron lo que pedía, marchó en busca del príncipe Hlini.
Después de caminar durante todo el día, la muchacha llegó a una cueva en la que había dos camas. Una estaba cubierta por una manta confeccionada con hilos de plata, y la otra por una manta hecha de hilos de oro.
La desesperación hizo que el rey enfermara de los nervios, y los médicos le recomendaron que guardara reposo durante unos días. Pero antes de hacerlo, anunció públicamente que recompensaría a quien encontrara a su hijo y lo llevaran de regreso a casa.