Que bien que se hayan terminado las
fiestas. Ya era hora. Por lo menos, los castreños podremos dormir un poco más, sin tener que soportar músicas y barullos hasta las tantas.
Pero ahora viene lo peor. Ya está aquí el
verano con la invasion foránea. No sé si vamos a caber en esta pequeña ciudad. Lo malo es que, los que vienen de fuera, pretenden tener los mismos derechos que los que vivimos y somos de aquí, sin estar censados.
Un poquito de por favor. Aquí se les trata muy bien, pero cuando es al
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