En 1958, cuando sali de Almoharin para no volver, ya era un hermoso paseo este de la fotografia - no recuerdo que fueran eucaliptos -; a mi me pareció siempre la entrada al paraiso que anunciaba mi pueblo y sus gentes; y, entonces, allí yo era feliz. Por este camino llevamos a mi querida abuela Rosa en su último paseo; y a la sombra de ellos, mi familia y yo llorábamos en silencio. Almoharin era entonces gris; gris como era el color de toda España; en una posguerra dura que forzó a muchos de los ... (ver texto completo)