Nos llega las vacaciones y parece que nos hace sonar: mar, playa… cuando el mar hace más bien o relativamente poco: lugar de muerte, porque así nos lo enseñaba D. Pedro el maestro, es un ejemplo; ya que nos decía que el río Miño, iba a morir al mar por Tuy, igualmente los ríos Duero y Tajo en Oporto y Lisboa respectivamente; eso sí… lo hacíamos cantando como si no hubiese pena y a viva voz. Sabíamos muy bien que visitar en nuestras vacaciones el mar por aquellos entonces, era “un sueño, un misterio
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Pero a lo que íbamos: Nosotros, aparte de aprender los
ríos con sonido monocorde pero con ganas; tan sólo aspirábamos ir de vacaciones al chozo de los abuelos, donde el abuelo era guarda de “La Hoja” y ver “
La era”; pongamos que fuera la dehesa de “Los
Hornos” donde nuestra sombrilla era un “sombrajo” levantado con cuatro palos y cubierto de retamas; donde “la marea” era un ligero viento desde Poniente, que se aprovechaba para limpiar “la parva”; y si por la
noche se hacía más potente, decíamos que
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