Un caso semejante escuché en Zarza de Granadilla. Un alimañero del vecino pueblo de Lagunilla (Salamanca) había capturado vivo un gran lobo y, sobre un carro, lo paseaba enjaulado por los pueblos del norte de Cáceres en demanda de las correspondientes propinas de los ganaderos. En todos los lugares el animal era objeto de los peores tratos. Llegado a Zarza, un pastor que había sido víctima de una lobada reciente, introdujo un calabozo entre los barrotes de la jaula, al tiempo que decía: «Este lobo
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Es cierto que se llevaban los lobos atrapados por los
pueblos de la zona, los ganaderos agradecían que se les librase de los predadores de su
ganado, dando a sus captores alguna moneda, morcilla o trozos de tocino.
La verdad es que los lobos grandes se mostraban muertos, terciado sobre alguna caballería; los pequeños sí se llevaban vivos, metidos en banastas.
Cuando Tintín lobero y compañía iban a buscar lobeznos a sus madrigueras, había veces que botaban que la loba se había llevado alguno o
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