¡La Plaza Mayor está animada! Mesas que recogen a sus primeros clientes con sus refrigerios, cervezas; vermú y platicos de tapeo. Unos callos humeantes despiertan mi interés, lo noto en mis tripillas golosas que saben de ello. Pero quedan postergados para un luego y bajamos la plaza hasta el final, donde llama mi atención la antigua casa de Guillermo Sánchez “pocholo”. Aún cerrada a cal y canto, azul grisón; fosco color mateado aquel hierro. Y la memoria me recupera anécdotas de su interior silencio. ... (ver texto completo)