Todo olia a feria la tarde del 27 de agosto vispera de de la festividad de San Agustín, el calor apretaba como es menester en esta epoca del año. En el corral de mí casa me esperaba mí queridisimo padre, ya difunto, para trasladar el ganado que teniamos en venta a las eras del regajo lugar dónde en cada uno de sus rincones se guardan los retazos de la más bella tradición ganadera y en el que los hombres que conformaron la historia de nuestro pueblo con el sudor de su frente escribieron lo que hoy ... (ver texto completo)