¡Quién iba a pensar que, en el futuro, se perderían esos temores a pecar por no oír misa! Cómo ha cambiado la mente humana de esos tiempos a nuestros días. Cuesta imaginar esa ansiedad que se transluce ante la descripción que hace Don Segundo de las preocupaciones en los caminantes que allá hacían noche. Hoy no se teme a los castigos Divinos como antes.
Al leer lo que has escrito, recuerdo un dia del mes de mayo, fuimos a la iglesia como todas las tardes (mes de las flores) y dos otres niñas se nos olvido el velo a las otras niñas alguien se lo dejaron, pero y o tube que ir a mi casa a por el bendito velo porque sino no te dejaba el cura entrar en la iglesia