Me aplasta el silencio oscuro. Me aplasta sobre todo, el sonido sordo que emiten las ovejas eléctricas cuando se ponen modorras, y el de los comunistas disfrazados de verde que ahora son aliados de quienes fueron sus verdugos y además están genuflexos ante al gran capital, (y ante el pequeño también). Me aplastan las densas tinieblas que se ciernen sobre mi cabeza en este negro cuchitril en el que se ha convertido mi aposento de siglos, y su humedad, y el verdín de sus paredes. Por eso trepo a gatas ... (ver texto completo)