Bueno, es pura lógica, primo. A partir del siglo XIII aparecieron los llamados cementerios parroquiales que utilizaban zonas adyacentes a la parroquia para enterrar a los muertos (delante o detrás de la iglesia e incluso en los jardines si disponían de ellos). El nuestro tiene una traza muy clara. De hecho en Madrid todavía se conservan algunos: San Ginés, San Sebastián, San Andrés y San Luis. También se utilizaban los interiores de las iglesias para enterrar a algunas personas; cuanto más importantes ... (ver texto completo)