Cómo ser un juez y no enloquecer en el intento
Porque no es sólo que el Gobierno haya boicoteado de forma sistemática cualquier intento de que los españoles conozcan la verdad a través de esa pantomima denominada Comisión de Investigación del 11-M. Porque no es sólo que desde los medios de comunicación dependientes del Gobierno se haya hurtado a los españoles cualquier mención a las investigaciones que algunos medios independientes han ido realizando. Es que ni siquiera la instrucción judicial se ha librado de los intentos del actual Gobierno por evitar a toda costa que lleguemos a saber algún día lo que el 11 de marzo sucedió.
Dos escritos del juez Del Olmo, fechados los días 10 y 18 de mayo de 2005 y dirigidos a diversos cuerpos policiales, resumen de forma muy ilustrativa la lista de informes reclamados por el juez y que hasta la fecha no le habían sido remitidos. Se trata de un total de 48 informes, alguno de los cuales Del Olmo llevaba ya esperando... ¡un año!
Entre esos datos que Del Olmo había solicitado, y que el Ministerio del Interior no le había remitido, se encuentran, por ejemplo, los listados de llamadas telefónicas de todos los implicados en la trama entre los días 10 y 12 de marzo. O las agendas telefónicas de Suárez Trashorras. O los datos relativos a las vías de comercialización de diversos teléfonos relacionados con los atentados.
El sumario entero está plagado de episodios ante los que no cabe sino sospechar que ha existido un deliberado intento de ajustar la labor del juez a lo que la versión oficial requería. Se nos han presentado sucesivamente no menos de media docena de "cerebros" del atentado: Zougham, El Chino, El Tunecino, Lamari, Almallah, Belhadj... Cada vez que el juez descubría nuevos datos que ponían en duda el carácter islamista, la condición terrorista o la implicación de tal o cual "cerebro", aparece de la nada en el sumario un nuevo testigo que viene a apuntalar la tambaleante versión oficial. Y cuando esa posición llega a ser indefendible, surge un nuevo "cerebro" para sustituir al que ya está quemado. Tendremos oportunidad de ver algún ejemplo curioso en futuros capítulos.
A día de hoy, el Gobierno trata, cada vez más a la desesperada, de que el juez cierre cuanto antes la instrucción del sumario. Sería desastroso para la versión oficial que Del Olmo intentara averiguar ahora de dónde salió el explosivo militar usado en los atentados, o las circunstancias exactas de la aparición de la mochila de Vallecas, o por qué se dio orden de interrumpir las escuchas a El Chino el 12 de marzo... Y lo malo es que resulta muy probable que el Gobierno se salga con la suya y que la instrucción sumarial se cierre también en falso, como la Comisión del 11-M, porque nadie está moviendo un dedo para instar al juez Del Olmo a realizar determinadas diligencias. Los pocos medios de comunicación que están investigando la masacre tratan de cumplir con su labor y poner datos sobre la mesa. Pero, si nadie hace nada con esos datos, toda esa labor de los medios no servirá para nada.
Vamos a tratar de echar la vista atrás y analizar algunas cuestiones relativas al atentado, a la luz de los datos que hemos ido conociendo. Eso nos permitirá, quizá, encajar algunas de las piezas de este complicado puzle.
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