Vamos a ver porque creo que se confunden a propósitos algunos conceptos. Se equipara ETA al PNV, un partido político este último que lleva ganando elecciones más de 20 años (por algo las ganará).
Utilizando un perverso silogismo se llega a la conclusión que quien persigue los mismos fines que los etarras, es un etarra. De tal forma puede articularse este mecanismo del pensamiento para afirmar que si otro partido, por ejemplo el PSOE, se alía con el PNV, los dos son igual a ETA. Ese particular y antidemocrático modo lleva hacia caminos por los que sólo transita el pensamiento único, quedando el resto de pensamientos en la cuneta constitucional.
De esta forma se lamina cualquier disidencia que ponga en entredicho el blindaje del sistema ideado y llamado “democracia“, con lo cual se puede caminar hacia un bipartidismo apisonador como por ejemplo el estadounidense o el inglés, donde ambas opciones difieren por muy poco (díganme ustedes que alternativa le queda a los ingleses que estén en contra de la guerra de Irak, por ejemplo).
Ese era el gran plan del equipo de ideólogos para los que trabajaba Aznar y todo el actual equipo de ese partido, convertirnos en un apéndice del poderoso músculo estadounidense, como gran portaviones con la bandera de los neoconservadores cuyo eje gira en torno a la expansión de las grandes transnacionales del complejo armamentístico-industrial y de la industria petrolera. Pero un 11 de marzo de manera súbita 200 muertos cambiaron el panorama, y perdieron unas elecciones y unos planes que ya creían tener por anticipado. Y ahí los tenemos, bramando, vaticinando calamidades patrias y otros apocalípticos aconteceres.
Y por último, policialmente es imposible acabar con ETA. Matar es fácil, demasiado fácil, y siempre habrá alguien dispuesto si existe un conflicto. Otra cosa es que haya intereses yuxtapuestos en ese conflicto, y que incluso exista un sector al que no le interese la definitiva desaparición de ETA. Por eso TODOS los presidentes de este país han hablado con ETA. Y no sé si será este o el siguiente, pero al final habrá que dialogar.
Ni firmo.
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