Es de Pio Mao
Tras la victoria electoral de la derecha en noviembre de 1933, Prieto se alió con Largo Caballero para laminar al legalista Besteiro y preparar una guerra civil (textualmente) a fin de imponer la “dictadura del proletariado”. Prieto, sin embargo, no simpatizaba con ese fin y, a pesar de haber proclamado en las Cortes la ruptura solemne e irrevocable con las izquierdas republicanas, prefería renovar la alianza con ellas para liquidar a la derecha –y a la democracia–, e imponer un régimen populista radicalizado. Azaña, por su parte, reaccionó a las elecciones presionando (en balde) en pro de un golpe de estado.
A finales de junio de 1934, las maniobras desestabilizadoras protagonizadas por Companys amenazaban desembocar en una contienda civil, y Azaña y los suyos, en complicidad con Companys, trataron de forzar al presidente Alcalá-Zamora para que expulsara del poder a los centristas gobernantes, ofreciéndose para evitar el enfrentamiento civil que ellos mismos promovían. Fracasadas estas intrigas, se decidieron por un golpe de estado formando un gobierno sedicioso en Barcelona. Pero el éxito dependería de la actitud socialista. Azaña sabía que el PSOE preparaba su propio golpe, y habló con Prieto con vistas a una acción conjunta. Prieto aceptó y llevó la propuesta a la dirección socialista, pero ésta la rechazó por mayoría, considerando que sus preparativos revolucionarios proletarios no admitían supeditarse a un golpe burgués, aunque izquierdista. Así fracasó el común intento de ambos próceres.
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