Pasmaico además de chorreando con el fango hasta la cintura. Tiritando. Entrechocando los dientes de plexiglás que han cobrado vida ellos solitos. Con los pulsos en reposo y los cerebros escarchados encorchados incluido el de pensar que es el que está más abajo. Así me he quedado moza. Como el muñeco de nieve que hizo ayer el retoño de mi vástago. ¡No hay derecho!, ¿qué va haber? Si los más altos juristas sostienen que es susceptible de interpretarse. Quizá es por eso, que los Magistrados, (supongo ... (ver texto completo)