Decía ayer en el debate parlamentario uno de los ponentes que las palabras y su significado son irrelevantes al carecer de un valor intrínsico. Ponía como ejemplo, dicho parlamentario, el término ”libertad” y se refería a que Eta tambien tiene en su proclama ”la libertad”. Y esta relatividad conceptual la extendía a otros conceptos como ”justicia” e incluso ”estado de derecho”.
Toda esta disquisición tiene un origen claro: el intento de manipulación partidista de los términos para vaciarlos de contenido y llenarlos con el que interesa a quien los intenta malversar.
Se empezó por intentar vaciar de contenido el término ”matrimonio” que, etimológicamente y tradicionalmente, implicaba la existencia de un hombre y una mujer, en su función procreadora. Mas tarde, se extendió a otros términos, como laicidad y laicismo, para ocultar una persecución a todo aquello que oliera a catolicismo. No tardamos en afectar al término ”paz”, que se utiliza en la cuestión etarra, para ocultar una claudicación del estado de derecho. Nadie diría de la persecución y victoria sobre los narcotraficantes que se busca la ”paz” sino su reducción por las FSE y su posterior condena judicial. Hablar de ”paz” en el caso etarra es remitirnos al concepto de guerra, por contraposición, y que se sepa dicha guerra no existe, lo que es evidente, incluso, atendiendo al sujeto activo represor de esas conductas ilícitas que no es el Ejército sino las FSE.
Contaminado el término ”paz”, la consecuencia lógica es la contaminación por extensión de conceptos asimilados, como ”justicia”, que se intenta descafeinar en aras a esa ”paz” e incluso el propio concepto de ”estado de derecho”, que lleva a plantear situaciones que son inasumibles si antes no hay un cambio constitucional, votado y aprobado por el titular de la soberanía nacional.
La polivalencia terminológica solo es posible cuando los valores defendidos por la sociedad viven un clima de confusión, al que tanto han contribuido quienes defienden el relativismo como la negación de la frontera entre el bien y el mal. Y en este territorio de nadie, este oeste del colt, es donde la violencia pueda prender y hacer valer sus pretensiones.
Zapatero ha sido el responsable de esta situación, con una polivalencia que le es innata y que afecta a su propia personalidad, al punto que lo que muchos vemos como contradicciones, forman parte de su modo de ser y estar. Lo lamentable es que su entorno aproveche esta dislocación conceptual del Presidente para aprovecharse y sembrar las semillas del enfrentamiento, del odio, y de la insolidaridad, cuyos primeros efectos, que no los últimos, estamos padeciendo los españoles.
La clarificación conceptual, solo posible desde una clarificación de la escala de valores, se impone como primer escalón para romper este diálogo absurdo o, si se quiere, falta de diálogo.
Victor.
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