Hoy el criptocomunista Diego López Garrido se ha retorcido, literalmente, al contemplar a centenares de miles de españoles erigir su enseña como el mejor símbolo de la derrota de la ETA. No ha tenido mejor ocurrencia que acusar al PP de "apropiarse de los símbolos nacionales". El PP no se ha apropiado de los símbolos nacionales. Son los españoles quienes los recogen de la escombrera moral en que los ha abandonado el Gobierno, y el PP se ha limitado a sumarse. También ha hablado de la lucha contra el terrorismo en Irak, como si no fuera el Gobierno de Rodríguez Zapatero el que abandonó vergonzantemente aquella lucha nada más llegar al poder; como si ese terrorismo no fuera, en verdad, la manifestación más violenta de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero.
El nerviosismo del partido socialista y del Gobierno está plenamente justificado. Desde su llegada al poder han seguido una estrategia sin concesiones de aislamiento del PP, preparándose el terreno para deslegitimarle ante una eventual vuelta al poder por la fuerza de los votos. También han seguido una política de división y de ruptura de consensos, que es necesaria si, como es el caso, Rodríguez Zapatero quiere convertir la democracia del 78 en otra cosa. Pero toda su estrategia se desvanece ante la fuerza integradora de la idea de España y el liberador atractivo de la libertad. El Partido Popular ha visto en las calles de Madrid los dos valores que le deben llevar de nuevo al Gobierno.
LD.
... (ver texto completo)