Una insistente falacia que se propaga desde el Gobierno y su entorno consiste en acusar a la oposición, a las víctimas del terrorismo, y a los medios críticos, de no querer la paz. Zapatero aspira a monopolizar la paz como un mero instrumento ideológico, con la pretensión de que la sociedad comparta unos puntos de vista, que implican la renuncia a los principios de libertad y justicia. La verdad desnuda, tal y como están poniendo de manifiesto los hechos, es que el proceso emprendido no está conduciendo a la paz sino a una escalada de violencia en la medida que los terroristas han visto en el presidente Zapatero la gran oportunidad de demostrar que todo un Estado de Derecho puede someterse al dictado del terrorismo. El propio Zapatero ha expuesto con toda claridad las bases de su pensamiento, durante la presentación en Turquía de la paradójica “Alianza de Civilizaciones”. Ante un grupo de complacientes aduladores, el presidente español afirmó, que frente a quienes quieren sacrificar la paz para defender los valores de la cultura occidental, hay que decir que la paz es el último valor que está dispuesto a sacrificar. Sus palabras, aparentemente pacificadoras, implican una grave deformación del concepto mismo de paz. Porque la paz es el fruto de la justicia, de la verdad y del perdón, como enseñó Juan XXIII, y no puede renunciarse a ninguno de estos principios, para lograr la paz. Por ese camino, la paz se convierte en un acto de cobardía que, tarde o temprano, engendrará nuevas injusticias y violencias. Esto es lo que denuncian cada día las víctimas del terrorismo
Zippo.
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