5ª PÀGINAVI.- Un sábado, en el año sesenta y tres, yo venía con permiso de la
mili. Me junté con los muchachos del
pueblo que, por ser pudientes, estudiaban el bachillerato internos en los Jesuitas de
Valladolid. Atrás, en el autocar, veníamos preparando juerga. Ellos, todavía, eran adolescentes.
Por aquel entonces, el cobrador era otro muchacho, algo mayor que yo, menudo, birojo, con muy mal genio que ya había intentado imponer su autoridad en nuestra juerga, y venía de mala leche.
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