A la Purísima:
No soy profundamente religioso, pero sí siento emociones siempre contenidas y nunca manifestadas cuando vuedo ver la imagen que preside el
altar del
convento. Lo que me hace meditar es saber que ese rostro, esa mirada, la figura entera ha sido receptora de los pensamientos de mis antepasados. Imagino muchas veces los deseos que se han envado en silencio hacia su imagen. Cuando la he visto por las
calles del
pueblo y he visto llorar a muchos ojos a su paso, me he llenado de una emoción
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