Me encantaría estar en la otra orilla del rio. Donde están sujetos a sus estacas de bambú aquellas hileras de barcos; a donde cruzan los hombres en la balsa por la mañana, con sus atados a cuestas, para labrar lejanas tierras; a donde los pastores llevan a sus reses mugientes a nado hasta los pastos de la ribera; por donde todos vuelven a sus casas al anochecer, tras dejar a los chacales aullando en la selvática isla abandonada. Madre, si me dejas, cuando sea grande me gustaría ser el barquero de ... (ver texto completo)