El cielo gris dejaba desprender los primeros copos de nieve, las hojas del sendero estaban con resignación a la espera de lo que hiciera aquella tarde fría. Dentro de la choza, donde terminaba aquel exiguo camino, un niño miraba con asombro como caían aquellos tenues copos, los recibía con una sonrisa, y dirigiéndose a su perro y fiel compañero le decía, anda, qué suerte tenemos estas Navidade, tenemos un trozo pan en el cajón, podremos cenar y mañana aremos un muñeco de nieve. A la par que decía ... (ver texto completo)