Decir invierno es rememorar el perolo de la señora Nati. A pesar del tiempo transcurrido, la veo trajinando entre cacharros mientras en la cocina económica se cuecen, al calor del carbón y la leña, las peras, los higos, las ciruelas pasas y demás frutas. Acaso fuera la primera Navidad que lo probaba y esa sea la razón de que se me haya grabado con nitidez en la memoria, aunque tal vez se deba al carácter singular de aquella vecina, una persona bondadosa, paciente y comprensiva como pocas he conocido ... (ver texto completo)
Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)