Hubo unos cazadores por Deza que perdieron un perro o lo dejaron abandonado (vete a saber) y andaba vagabundo por el pueblo viviendo como podía. El caso es que huía de la gente seguramente porque le pegaban, lo mismo que al lobo de Gubia que con tanta maestría nos relata Rubén Darío en una de sus bellas poesías. El caso es que mi padre cuidaba una perra de un yerno que estaba de vacaciones por el pueblo y la tenía encerrada al estar "salida", por miedo a que la "cubrieran". No querían descendencia, ... (ver texto completo)