Una vez fuí con un sobrino a buscar caracoles por la noche y se metió en unas ortigas. Él desconocía dicha planta porque era de ciudad y llevó cuidado en evitarlas. De pronto empezó a gritar. Yo pensaba que le había pasado algo malo y era que como iba con pantalón corto se pinchó en ellas y se puso unas piernas tan llenas de abones, que daba pena verlo. Sufrió lo suyo un buen rato.
Saludos Deza.
Saludos Deza.