Es cierto, abuelo, que a muchos animales se les llega a querer tanto que su pérdida a veces supone una catarsis que no se podrá borrar nunca. De mis años en Deza recuerdo a mi perra, Marquesa, una sabuesa de grandes orejas, de pelaje color canela y estilizado cuerpo, con quien pasé muchos ratos agradables. Desde que una noche de invierno la trajo mi padre a casa, sentí un especial afecto por aquel cachorrillo que hizo que me sintiera su protector. Contribuí a criarla y, en poco tiempo, se convirtió ... (ver texto completo)
Que descanséis, amigos. Cuando pueda ya os contaré de una perrita que tuve.
Saludos.
Saludos.