La rana que quiso superar al buey.
Un viejo buey, en la pradera donde pacía, pisó una pequeña rana, aplastandola bajo su pesada pezuña. Los hermanos de la ranita corrieron despavoridos a la charca, para contar a su madre la desgracia que había sucedido.
- ¡Oh madre! ¡El buey era muy grane! -dijeron-. ¡Más grande que cualquier otra cosa que hayas visto!
- ¿Asi de grande? -preguntó la rana a sus pequeñuelos... Tomó aliento, retuvo el aire un instante y luego se hinchó como un gran globo.
Los ... (ver texto completo)
Un viejo buey, en la pradera donde pacía, pisó una pequeña rana, aplastandola bajo su pesada pezuña. Los hermanos de la ranita corrieron despavoridos a la charca, para contar a su madre la desgracia que había sucedido.
- ¡Oh madre! ¡El buey era muy grane! -dijeron-. ¡Más grande que cualquier otra cosa que hayas visto!
- ¿Asi de grande? -preguntó la rana a sus pequeñuelos... Tomó aliento, retuvo el aire un instante y luego se hinchó como un gran globo.
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Las ranas y los niños.
Como una lluvia de balas, las piedras caían con violencia sobre las pequeñas ranas que tomaban el sol sobre las hojas de los nenúfares que flotaban en el estanque. Los animalitos se sumergían rápidamente o se ocultaban en el barro, para huir de los terribles golpes. Pero los niños, empeñados en aquella travesura, arrojaban una piedra tras otra, y los proyectiles cruzaban los aires zumbando.
- ¡Deteneos! ¡Deteneos! -suplicó una de las ranas, mientras saltaba sobre un nenúfar, ... (ver texto completo)
Como una lluvia de balas, las piedras caían con violencia sobre las pequeñas ranas que tomaban el sol sobre las hojas de los nenúfares que flotaban en el estanque. Los animalitos se sumergían rápidamente o se ocultaban en el barro, para huir de los terribles golpes. Pero los niños, empeñados en aquella travesura, arrojaban una piedra tras otra, y los proyectiles cruzaban los aires zumbando.
- ¡Deteneos! ¡Deteneos! -suplicó una de las ranas, mientras saltaba sobre un nenúfar, ... (ver texto completo)