"Los hombres no pueden ser si no son libres" (Salvador Espriu)
Aquello que contaba en la "Memorias de Martín Pedraza" fue una página triste -otra más- para la cultura soriana. La verdad es que por Soria han desfilado algunos alcaldes (y alcaldesas) que son para echarles de comer aparte. Algunos de aquéllos por ser impuestos por el anterior régimen y algunos de éstos con el voto de la gente de Soria, lo que ya no tiene disculpa. Y no hace falta decir nombres.
Por cierto, habrá que comentar otro día con más tiempo una actuación positiva: la recuperación del ábside de la Mayor (con el actual alcalde) y otra negativa: el mamotreto del Parador de Turismo (con una señora alcaldesa).
Sin embargo, este hombre íntegro y tolerante, lleno de proyectos e ideas para su ciudad, tenía que toparse forzosamente con la oposición y el cerrilismo de los mediocres que, aparentes paradojas de la vida, terminarían colocándose en el Ministerio de Cultura. Así, sin cejar en su ignominiosa tarea de acoso y derribo, lograron que un aciago día para la cultura soriana, la zafiedad de un alcalde iletrado y el desprecio que suele engendrar la ignorancia, con la impunidad que daba el cargo, consumase ... (ver texto completo)
Aquello que contaba en la "Memorias de Martín Pedraza" fue una página triste -otra más- para la cultura soriana. La verdad es que por Soria han desfilado algunos alcaldes (y alcaldesas) que son para echarles de comer aparte. Algunos de aquéllos por ser impuestos por el anterior régimen y algunos de éstos con el voto de la gente de Soria, lo que ya no tiene disculpa. Y no hace falta decir nombres.
Haciendo un facilón juego de palabras, habría que decir que hoy falta gente como Chrétien y sobran cretinos.
Un saludo.
Gracias sinceras, Rufino. Y, con los brazos abiertos, bienvenido.
Un saludo.
Pues hace años decían que los que le daban a la mano se quedaban canijos... Por eso, así somos de bajitos los españoles, supongo. Onanistas, más que onanistas.
De no haber tenido Hemingway tanta prisa por dejar este mundo, es probable que hubiera terminado por encontrarse con Antonio Ruiz en su librería-sala de exposiciones, foro de la vida cultural y artística de Soria. Y en este lugar donde se daban cita Gaya Nuño, Julián Marías, Heliodoro Carpintero o Cela, entre muchos otros, habrían hablado de su obra “Fiesta” y de otros muchos libros, de cerámica numantina, de cuadros… del Toro.

Muchos años después, desde la lejanía del exilio, el recuerdo de ... (ver texto completo)
Sin embargo, este hombre íntegro y tolerante, lleno de proyectos e ideas para su ciudad, tenía que toparse forzosamente con la oposición y el cerrilismo de los mediocres que, aparentes paradojas de la vida, terminarían colocándose en el Ministerio de Cultura. Así, sin cejar en su ignominiosa tarea de acoso y derribo, lograron que un aciago día para la cultura soriana, la zafiedad de un alcalde iletrado y el desprecio que suele engendrar la ignorancia, con la impunidad que daba el cargo, consumase a escondidas uno de los más burdos latrocinios que se recuerdan: hizo llamar a los bomberos para que apagasen el fuego de la cultura, para que hiciesen el trabajo sucio de abandonar los cuadros como trastos inútiles, junto a picos y palas, polvo y telarañas, en un almacén municipal. ... (ver texto completo)
Ya adulto, tuve conocimiento de que el inconformismo y la sensibilidad de Antonio Ruiz habían puesto a trabajar a su grupo SAAS hasta lograr que Soria contase con un Museo del Toro. Los proyectos iban más lejos contándose con la colaboración de Dalí y Picasso para una segunda edición del Salón del Toro. Era admirable el interés de este artista del barro, escultor-ceramista, por impulsar la cultura soriana. A su talento organizador –Galería El Corsario, Grupo Ibiza 59, SAAS, Cine Club- unía un historial ... (ver texto completo)
Dentro de los muros del palacio, entre las obras de Marcos Molinero, Dimitri Papagueorguiu, Ulises Blanco, Zachrisson y del propio Antonio Ruiz, entre cuadros, grabados y cerámica, parecía flotar toda la magia del toro sagrado de la Celtiberia: el Toro Jubilo de la fría noche medinense, el Toro del Santo Cristo de Deza, la Barrosa de Abejar, los doce toros de las doce cuadrillas de San Juan, y, emergiendo de su letargo de roca y milenios, los sagrados toros neolíticos de los abrigos de Valonsadero. ... (ver texto completo)
El Salón del Toro y los comentarios del abuelo tuvieron que influir a la fuerza en mi creciente interés por la figura de Antonio Ruiz, un celtíbero de pro, según supe, que había logrado no sólo reunir un importante puñado de obras y firmas de prestigio, sino que su ciudad se sintiera orgullosa de un arte que entronca en su más genuina tradición: el toro, nuestro dios sol, tótem, rito y mito desde la noche de los tiempos de un pueblo antiguo como el nuestro. Y desde la intuición y la sensibilidad, ... (ver texto completo)
Cuando llegué a casa abordé al abuelo abrumándole a preguntas. Disponía de todo el tiempo del mundo para atenderme, y quién mejor que él que lo sabía todo, o al menos eso creía yo, para sacarme de mi ignorancia. Me explicó que el Salón del Toro era obra de un grupo de artistas llamado SAAS, que constituía un gran acontecimiento, que se habían recibido obras de otros países y contaba con la participación de artistas internacionales, que Camilo José Cela era el presidente, y que claro que conocía a ... (ver texto completo)
Entre la gente que allí se congregó, me llamó la atención un señor con barba, de mirada limpia e inteligente, y con aire de intelectual. Hablaba con otros señores que, por su apariencia y gestos, pensé que tal vez fueran gente del mundo del arte –supe después que él sí formaba parte de él y también que fue el principal artífice e impulsor de aquel trabajo colectivo-. Nunca lo había visto hasta aquel día, y, no sé por qué razón, despertó mi atención, asociándolo en seguida con Hemingway, aunque el ... (ver texto completo)
Me sentí tan a gusto en Pamplona que no dudé volver allá en los veranos siguientes, apenas terminaban nuestros sanjuanes. Fue uno de aquellos años cuando se produjo en Soria la inauguración del I Salón del Toro. Debía andar por los primeros cursos de bachillerato, y a esa edad poco o nada podía entender de arte. La Geografía de España se estudiaba en primero, con diez años, en segundo la Universal, y no sería hasta sexto cuando diésemos la Historia del Arte. Supongo que me sonaría Velázquez o Miguel ... (ver texto completo)
Y así, poco a poco, casi sin darme cuenta, fui conociendo los lugares que recorrió el escritor, las tabernas que frecuentaba, el hotel en el que acostumbraba a hospedarse, como también supe sus aficiones y el nombre de sus amigos, y muchas anécdotas que hicieron crecer mi admiración por Hemingway, hasta hacer de su figura casi un mito, como ya lo era por entonces para muchos navarros.