Otras veces, el entretenimiento consistía en hostigar a las Tripis, madre e hija, soltera la madre y soltera la hija: “Tripi, tripooona, cochina, marranooona”. La gente decía que puteaban, algo que parecía imposible viendo el aspecto de la vieja, que ya no podría estar para muchos trotes, e improbable en el caso de la hija, desdentada y envejecida, aunque nunca se sabe de la desesperación y rijosidad de algunos. Hasta había quien aseguraba que eran brujas, aunque, en honor a la verdad, podemos dar fe de que nunca las vimos utilizar una escoba. Las dos cubrían sus flacas carnes con raídas ropas de color negro, un negro desvaído y pardo de muchos años y muchos soles, y calzaban sus pies con humildes alpargatas, lloviese, nevase, hiciese frío o calor. Vivían aquellas infelices por el Tovasol, cerca del Gallarón, en una casucha más cubil que vivienda. El portal era un tabuco sórdido, mugriento como sus moradoras, mal iluminado por una pobre bombilla polvorienta tamizada por infinidad de cagadas de mosca; del recinto se desprendía hasta la calle un olor rancio, mezcla de humedad, polvo de siglos y meada de gato, y no hay duda de que desconocía el contacto con el agua y la lejía. Nunca nos atrevimos a traspasar el umbral de aquel portaluco, por miedo a las Tripis, ni siquiera, y por doble justificación, el día de Difuntos, uno de nuestros preferidos por razones evidentes. ... (ver texto completo)
… y al prójimo como a ti mismo.

Entre las horas que pasábamos en el colegio y los juegos de la calle, todavía nos quedaba tiempo para dejar en mal lugar al amigo Rousseau. El que tardaba en asomar por la calle cualquier personaje diferente del común, y susceptible por tanto de sufrir la mofa, befa y escarnio de los cabroncetes del barrio que no desaprovechábamos la ocasión que se nos ofrecía de regalarnos un motivo de entretenimiento. Quien no se libraba nunca de la chufla era el Federico, un ... (ver texto completo)
Sin embargo, de entre aquellos hábitos y togas, sobresalía la figura singular de sor Rosario, una buena mujer –imagen de aquellas otras monjas de los orfanatos de pobres, asilos y hospitales que veíamos en las películas-; sevillana dinámica y risueña que irradiaba alegría, a la que no costó mucho trabajo convencer a algunos padres de que sus chicos debían aprovechar las aptitudes y no quedarse estancados, por lo que ella se encargaría de hablar con los frailes para que pudieran seguir estudios con ellos. Y así fue como nuestra vida, gracias a aquella santa, tomó el rumbo hacia otro lugar que se nos antojaba la tierra prometida después de la travesía del desierto. La pequeña distancia que separaba un colegio de otro –la que va de la plaza de Cabrejas a la de Abastos- guardaba poca relación con las diferencias de carácter entre ambos. Los padres, los hijos espirituales de il Poverello, no establecieron nunca discriminaciones entre los alumnos, ni por razones sociales, económicas o de trato, sin más diferencias y separaciones que las que imponían la edad y el cambio de curso. En este ambiente fueron pasando los cursos, pasó el ingreso, fuimos creciendo y, casi sin notarlo, nos adentramos en las inexploradas tierras del bachillerato. ... (ver texto completo)
A muchos de mi generación nos quedó de las monjas un recuerdo de luz artificial y frío invernal, de severidad, intolerancia y tonos grises, de tardes mortecinas acompañadas de meriendas de leche en polvo y queso pastoso y amarillento –leche y polvo de los americanos, decían. Todo esto, y más, hizo que más de uno saliera de allí aborreciendo el queso, las monjas y la leche nauseabunda y, con el tiempo, algún que otro, también a los yanquis, aunque a éstos por otras razones.
Al acabarse el verano volví a casa. Cuando empezó el curso, mis padres me metieron en el colegio de las monjas, donde conocí a los que iban a ser mis primeros amigos de párvulos. La mayoría eran conocidos del barrio, pero otros venían de distintos puntos de la ciudad, como Marcelino que vivía en el lejano barrio de Los Pajaritos. A partir de entonces, nuestros límites cotidianos se ensancharían hasta el lejano finisterre de la Fuente Cabrejas. Pronto conocimos que aquel recinto cerrado, el universo ... (ver texto completo)
No sé si fue casualidad, o por alguna relación entre la causa y sus efectos, el caso es que al llegar el verano mis padres decidieron llevarme al pueblo con los abuelos. De seguro que los vecinos descansaron tanto como mis progenitores, al menos durante una temporada, con la misma certeza de que la fauna en general, y sobre todo la familia gatuna, en particular, maldijeron la hora en que aquel tabardillo apareció por Durueña. Y así fue como las lagartijas dejaron de tomar el sol confiadas y los habitantes ... (ver texto completo)
Por lo que a mí respecta, bien temprano, antes de que aún hubiera experimentado la influencia benéfica de las monjas, me dio por declararle la guerra a todo ser viviente que pasase bajo el balcón de mi casa. Y al menor descuido de mi madre, o en cuanto se iba a la compra, y a pesar de sus recomendaciones de que me portase bien, utilizaba los tacos de leña que se usaban como combustible en la cocina económica a modo de arma arrojadiza contra los desprevenidos transeúntes, con el consiguiente riesgo ... (ver texto completo)
También cabía la posibilidad, de ser ciertas las teorías del ilustrado, de que los encargados de facturarnos para acá hubiesen sufrido algún error, y los arrapiezos de mi calle y aledañas viniésemos con algún defecto de fábrica, pues si ya había de ser raro que alguien nos pudiese confundir con las almas cándidas que nos atribuía el ginebrino, más lo era la posibilidad de que hubiésemos sido pervertidos por aquellas buenas gentes: que si bueno era el señor Florencio, buenas eran la señora Nati o ... (ver texto completo)
De haber sido un vecino más, no sé si hubiese pensado lo mismo pues, según nos explicaban los profesores y venía escrito en los libros, dejó dicho que al nacer éramos más buenos que el pan, pero que después la sociedad nos echaba a perder, o algo así. O sea, que no es que nos trajese la cigüeña con un pan bajo el brazo, como solía decir la gente y nos recordaban nuestras madres, sino que éramos el pan mismo, y, además, habríamos de venir con un certificado de buena conducta, o similar, que lo confirmaba. ... (ver texto completo)
Pero, lo que son las cosas, en pocos meses este Rousseau pasó de ser un perfecto desconocido a casi uno más de la cuadrilla, es un decir. Esto ocurrió justo el tiempo que iba del principio de curso, pasadas las fiestas de San Saturio, al último trimestre, después de Semana Santa –con la incipiente primavera tarda de don Antonio asomándose indecisa por los campos sorianos, sin que tampoco fuese extraño que por estas fechas nos cayese encima alguna que otra nevada- que era cuando tocaba dar el siglo ... (ver texto completo)
En el colegio supimos también de otros dos emilios: el Zola y el Mola que, tocayos de nombre y de apellido casi homónimo, ni en su vida ni en su obra habían podido ser menos parecidos. El primero debía andar por los infiernos, porque, según decían los textos, la Iglesia puso su obra en el Índice, que era algo así como una lista negra o catálogo de libros prohibidos, vademécum –o vade retro- guía, manual o mandamiento a seguir por el rebaño de fieles para estar prevenidos de peligrosos descarríos. ... (ver texto completo)
Memorias de Martín Pedraza (9)
… y al prójimo como a ti mismo

No había memoria en mi barrio de que alguien llamado Rusó hubiese vivido allí. De habernos preguntado por este hombre a cualquiera de los chavales que jugábamos por aquellos contornos, no habríamos sabido qué responder. Ninguno de los vecinos llevaba ese raro apellido –si lo sabría el Fito, que su padre era el cartero- ni tampoco aparecía entre los futbolistas de la colección de cromos que salía con las tabletas de chocolate zahor. ... (ver texto completo)
Que 2010 sea mejor para todos.
La badre que padió al babo, onde sabrá escondío el jueputa... joer que cebollón tengo, como bille ar Manué de los gojones, vaya miegda receta ca mandao y yo po haceddle caso glup. Qué cebollooooon dengo
Muchas gracias, mariángeles. Aunque estemos en este foro en familia como se dice, tus palabras sirven de aliento.
Feliz Navidad también para ti.
Feliz Navidad a todos los Sorianos, y chicos animo, y ¡arriba SORIA! VALEIS MUCHO SOLO ES TIMIDEZ, venga felices fiestas y buen año nuevo
un saludo con calorrrrrrrrrrrrrrfalta hace.