Ese día de Difuntos, precisamente, se lo dedicábamos a la Simona, una cascarrabias del
barrio, tomándonos cumplida venganza de los cubos de
agua que nos arrojaba en
verano, cuando nos sentábamos en su portal, al resguardo del sol de la tarde, a leer tebeos y las aventuras del Capitán Trueno, el Jabato, Hazañas Bélicas, el Cosaco Verde, el Guerrero del Antifaz u otra parecida que cayese en nuestras manos. Unos días antes, a finales de octubre, nos llegábamos a la droguería del Carrascosa a
comprar ... (ver texto completo)