Dedicada al Abuelo, conocedor del percal
Este sábado pasado nos hemos reunido cuatro compañeros de profesión, todos jubilados, para lo que en
Zaragoza, se llama almorzar, o sea,
comer huevos con jamón, charlar, jugar a la baraja y tomar unas copas. Lo hacemos con cierta frecuencia, a las diez de la mañana y lo pasamos francamente bien. Existe ese pique suficiente como para cabrearnos cuando el compañero hace una mala jugada, si como consecuencia de la misma se pierde la partida. Este último día,
... (ver texto completo)