Hay escenas de la vida infantil que nunca le abandonan a uno. Ahora que se acerca el invierno me regresan a la mente. Son imágenes tan vivas que aún recuerdo las caras, los gritos estridentes de un animal acosado y apresado; llevado a volantas por un puñado de manos que lo depositan sobre una amplia mesa sin más interés que sangrarlo. Yo, desde lo alto de la escalera, sufro su muerte con un reguero de lágrimas e intento no mirar; pero sus doloridos gruñidos me alcanzan el corazón y vuelvo la vista ... (ver texto completo)